Un texto no es simplemente
una secuencia de oraciones bien construidas, gramaticalmente correctas y
relacionadas entre sí. Esa unidad gramatical es una unidad de lenguaje en uso,
es decir, usamos el texto para comunicar en una situación determinada; su
función es comunicativa y social. Por último, diremos que el texto tiene una
propiedad fundamental: la coherencia, que permite que sea comprendido e
interpretado.
No podemos hablar de textos
absolutamente coherentes o incoherentes, sino de grados de coherencia. Esta
propiedad es un fenómeno complejo, que abarca una serie de relaciones
gramaticales y contextuales que hacen posible la comprensión del texto. Estos
diferentes aspectos de la coherencia son los siguientes:
- Coherencia
temática: se refiere a la unidad de tema que debe tener el texto.
Cuando leemos, debemos poder descubrir de qué habla el texto, cuál es su
macroestructura o significado global, su tema. Además, en el texto ese tema
debe ir progresando.
- Relación
lógica de todo elemento del texto con su referente:
todo texto se refiere a una materia o porción de la realidad, y todos sus
elementos deben estar lógicamente conectados con esa materia de la que el texto
habla.
- Coherencia
sociocultural o consistencia en género: todo texto debe
respetar el formato global o
superestructura del género discursivo al que pertenece.
- Coherencia
situacional o consistencia en registro: el texto debe adecuar su
estilo y elecciones lingüísticas a la situación de comunicación en la que se
encuadra.·
- Coherencia
local o cohesión: en todo texto deben establecerse relaciones
semánticas o de significado entre los elementos que lo forman. Estas relaciones
se expresan mediante recursos léxicos y gramaticales que conectan esos
elementos. La cohesión actúa en un nivel microestructural, es decir,
materializa los vínculos entre las pequeñas partes que forman el texto y que lo
van tejiendo.
Aunque algunos autores
presentan la coherencia y la cohesión como dos propiedades diferentes, una que actúa
en un nivel más profundo y otra en un nivel más superficial, nosotros
preferimos considerar la coherencia como una noción amplia, que incluye las
relaciones de cohesión, además de otros aspectos. Así lo consideran autores
como Roselló Verdeguer, Salvio Menéndez, Calsamiglia Blancafort y Tusón Vals,
Marro y Dellamea.
Fíjense en los siguientes
textos. ¿Cumplen con todos los aspectos que abarca la coherencia
textual? ¿En qué aspecto o aspectos falla cada párrafo?
1-Hoy
hacía tanto calor que tuve que encender el ventilador. No obstante, los
medicamentos a veces producen enfermedades en lugar de curarlas. Por estos
motivos Juan decidió que este año no irá de vacaciones a Brasil.[1]
2-Para
hacer la torta de galletitas, primero tome avena y únala con chocolate
caliente; agregue arsénico. Luego abra los paquetes de galletitas y unte estas
con la pasta. Por último, haga torres con las galletitas y colóquelas en una
fuente chata, dando al conjunto forma de torta. Disfrute con sus amigos de
esta rica torta acompañándola con exquisito té.[2]
3-Muerte
de un viajante de Arthur Miller es una de esas obras
que rápidamente ganó la adhesión de todos los públicos en infinidad de países.
Son raros los espectadores de teatro que no la conozcan. Efectivamente, la obra
de Miller se ha transformado en un clásico del siglo XX; Willy Loman, su
protagonista, es uno de los antihéroes más conocidos del teatro. ¿Y en qué
radica su vigencia? En la enorme vitalidad de un texto que, aunque estrenado a
finales de los años ’40, posee una teatralidad poderosa. Se trata de la
historia de un tipo que aspira a una vida mejor, pero que sueña con un mundo
que ya fue; que espera que su hijo sea un triunfador, pero que fracasa
inexorablemente, producto de su propia ilusión. Muerte de un viajante es
la narración del fracaso de las ilusiones, de todos esos castillos de aire que,
confrontados con la realidad, se desvanecen.
4- Es
necesario reconocer que cuando el tango comenzó a decaer, en la década del 60,
quienes continuaron con el tango fueron los bailarines profesionales. Los
bailarines profesionales tuvieron la virtud de enseñar el tango a los pocos que
todavía querían asomarse al misterioso mundo de la intimidad del tango. Los
bailarines profesionales no pudieron transmitir el sentimiento que se baila, el
sentimiento que bailaron nuestros padres y abuelos. Nuestros padres y abuelos
sabían que en el tango, como en el amor, no hay dos cuerpos, ni hay un cuerpo
que mande, sino que el dos se disuelve en una unidad rítmica y sensible. Hoy, y
ya desde hace unos años, parece que el tango está en pleno proceso de
recuperación.
[1] Ejemplo extraído de Marro y Dellamea (1993). “El texto
como unidad superior”. En Producción de textos (pp.
322-337). Buenos Aires: Fundación Hernandarias.
[2] Ejemplo adaptado de Marro y Dellamea, op.cit.
Reflexionemos un poco sobre
cada uno de estos textos y su grado de coherencia.
El texto 1 no parece ser muy coherente. ¿Cuál es su tema? No podemos
definirlo; habla de tres cosas diferentes, aparentemente sin ninguna conexión:
del clima, de las medicinas y del viaje a Brasil de Juan. Este texto, entonces,
carece de coherencia temática, porque no tiene unidad de tema ni una progresión
de la información sobre ese tema.
El texto 2, en cambio, sí tiene coherencia temática; al leerlo sabemos
que su tema es la preparación de una torta. Sin embargo, hay un par de aspectos
de este texto que hacen que su grado de coherencia disminuya:
-En primer lugar, aparece el
“arsénico”, que es un veneno. ¿Es lógico que este elemento se incluya en una
receta de cocina? No, salvo que se tratara de un texto humorístico, por
ejemplo. Es decir, en este texto hay un elemento que no guarda una relación
lógica con el referente, es decir, con aquello a lo que el texto se refiere.
-En segundo lugar, esta
receta no responde exactamente al formato global o superestructura del género
receta. Las recetas siempre se presentan organizadas en partes bien
diferenciadas: ingredientes con sus cantidades, pasos para la preparación,
cocción. En este caso, vemos que los ingredientes no se enumeran al principio,
y tampoco se determina la cantidad necesaria de cada uno de ellos. Podemos
decir entonces que esta receta carece de coherencia sociocultural o
consistencia en género.
El texto 3 nos parece, apenas lo leemos, mucho más coherente que los
anteriores: tiene coherencia temática, no hay elementos ilógicos, se trata de
una reseña y cumple con los rasgos de este género. Sin embargo, vemos que
aparecen un par de expresiones que no nos suenan bien: en un texto que utiliza
un registro formal, desentona la palabra “tipo”, como así también la frase “ya
fue”, que son bastante informales. Es decir, este texto tiene un problema con
su coherencia situacional o consistencia en registro.
Por último, en el texto 4 se repiten mucho las mismas
expresiones: “tango”, “bailarines profesionales”, entre otras. ¿Podríamos
reemplazarlas en alguna de sus apariciones? Sí, claro, y lograríamos hacer más
legible este texto; por ejemplo, al tango podríamos llamarlo “danza”. Tampoco
hay mucha conexión entre las distintas oraciones. En fin, este texto no está
bien entramado, se torna repetitivo y molesto para su lectura. Le falta
coherencia local o cohesión.
En nuestra clase próxima,
volveremos sobre el tema de la cohesión para estudiar sus recursos.
Mientras tanto, la bibliografía que
pueden consultar para profundizar en las definiciones de texto y de
coherencia es la siguiente:
Roselló Verdeguer, Jorge
(2015, enero). El texto y sus propiedades: algunas consideraciones de carácter
práctico. En Revista de estudios filológicos, 28. Recuperado de:
En cuanto a la tarea de esta
clase, búsquenla en la etiqueta “Tareas”, que los llevará hasta la entrada “Tareas de la clase 1”. Allí encontrarán la consigna para escribir dos textos.