Paro nacional de mujeres
DUELO COLECTIVO Y TEMPLANZA DE
LOS CUERPOS
Por
María Pía López
El colectivo de mujeres, tramado
en movilizaciones, disputas y debates, supo llamar a un Paro nacional. Lo hizo
contra toda suposición de viabilidad. Fue masivo y con réplicas en distintas
ciudades y países. “Ni una menos” toma contenidos heterogéneos y plantea nuevos
problemas. En cada marcha, asamblea, documento, acción en las redes, se fue
ampliando un modo de afirmar que “Vivas nos queremos”. Vivas: libres,
autónomas, deseantes, productivas.
8, 9, 10 de octubre. El Encuentro Nacional de
Mujeres se hizo en Rosario. Debates, talleres, disidencias, enojos, recitales,
comidas, reencuentros con viejas amigas, complicidades nuevas, peleas por el
orden en la marcha, fundaciones. La vivencia colectiva de una fuerza en
crecimiento. Alegría y emoción. Represión en la marcha final. Casi
escenográfica en su brutalidad. Las balas buscando el cuerpo. Corridas. El
espectáculo de la represión tapa el de la fiesta popular, el encuentro de todas
las diversidades.
Mientras tanto, en Mar del Plata, tres
hombres violaban y asesinaban a una adolescente. La crueldad del hecho conmovió
al país. Durante los primeros 19 días de octubre se cuentan 20 femicidios. El
colectivo de mujeres, tramado en movilizaciones, disputas y debates, supo
llamar a un Paro nacional. Lo hizo, contra toda suposición de viabilidad. Lo
hizo, mientras los sindicatos mayores del país callaron por un bono de dos mil
pesos. Lo hizo, en redes y asambleas. Ni una menos dio el paso inicial, el
llamado a la acción. Como lo había hecho en 2015 y en 2016, generando
movilizaciones masivas contra la violencia machista. El movimiento de mujeres
crece. No lo hace solo con los lenguajes más clásicos del feminismo, sino
mezclándolos con las expresiones de una vitalidad popular que tiene muchas
aristas y tonos.
El 3 de junio de 2015 se señaló que los femicidios
no eran una cuestión de seguridad, sino la punta del iceberg de la violencia
patriarcal, y que había que trabajar sobre la prevención y la igualdad antes
que sobre la ampliación de los castigos. Al año siguiente, incorporó la
legalización del aborto a las demandas, y se tramaron vínculos con múltiples y
diversas organizaciones. El 19 de octubre el documento leído en la Plaza de
Mayo incorporó la cuestión de la criminalización de la protesta, la situación
de las mujeres en las cárceles y los distintos modos de explotación. Ni una
menos toma contenidos heterogéneos y plantea nuevos problemas. En cada
movilización, asamblea, documento, acción en las redes, se fue ampliando un
modo de afirmar que Vivas nos queremos. Vivas, no sólo en términos biológicos.
Vivas: libres, autónomas, deseantes, productivas. El movimiento de mujeres
crece, como un río, creando nuevos cauces y caminos.
El 18. Agitación constante. Los grupos de wasap
son nuestra caldera, brujas con tecnología. Ahí tiramos todo, pensamos,
proponemos. Amasamos el paro, lo criamos, le damos alimento, lo volvemos
multicolor. Pero las cosas se realizan fuera del teléfono: juntadas para pintar
carteles, febriles reescrituras del documento, reuniones para definir la seguridad,
recorrida por sets de televisión y atención a miles de radios del país y del
exterior, traducciones de los textos a veinte idiomas. Nunca vi una fuerza
colectiva tan dispersa, potente, horizontal, creativa como la que fue armando
el paro que son muchísimos paros, infinidad de actos, marchas por todos lados.
La potencia es tan alegre y tan furiosa, es duelo colectivo y templanza de los
cuerpos, es bulliciosa y sabia, discutidora y tenaz, que arrasa también con
nosotras mismas. Agota mientras libera. Nos asomamos al 19 de octubre con la
sensación de que estamos ante una fecha histórica. La paladeamos, con deseo y
temblor. Demasiada intensidad. Decidí pensar en otra cosa durante un rato en
subte. Después volvería al trajín. Me senté al lado de una chica. Ella dejó su
teléfono para abrir un libro. Leía a Simone de Beauvoir. Nos miramos y
sonreímos.
El 19. Veo muchas mujeres vestidas de negro.
En la calle, en el subte, en el tren. ¿Todas serán parte de la protesta? En el
subte carteles, también en los puestos de diarios. Paro nacional de mujeres.
Las compañeras de la Universidad Nacional de General Sarmiento paran a las 13.
Sacan bombos y platillos, termos y ollas, y a recorrer el campus bajo la
lluvia. En fila india para aprovechar los aleros. Somos muchas. Llega el
momento de la radio abierta. Hablan varias para denunciar el machismo en todos
los ámbitos. Llega una amiga de Carla Vallejos, que murió luego de agonizar
cuarenta días, a pedir justicia. El femicida sigue caminando por el barrio,
impune. El fiscal desoye a la familia. Los hijos, desamparados. Natalia, de Malviticias,
amplía la lista. Polvorines es un polvorín.
Ya mojadas, nos vamos hacia el tren. Y el
tren es territorio de cantos y saltos. Se arma caravana para recorrer los
vagones, arengar y convencer. Algunos se ponen más firmes los auriculares,
algunas doñas se suman, aplauden. Las más jóvenes se incorporan a la marchita.
El canto dice, sobre el final, “cómo te duele machista, ver que crece la lucha
feminista”. Pasamos todas las estaciones que mojonean el borde de Campo de Mayo
cantando eso. En algún sentido, repara, rememora, muestra una vitalidad que no
puede ser arrasada.
Una compañera cuenta: en las redes hay trolls
o trogloditas. Alguno llegó a amenazarla: vas a aparecer en una bolsa. Otros se
limitan a putearla. Las redes son amplificación y encierro. Todo el tiempo:
inventar estrategias para romper los diques de los algoritmos y para no quedar
sumidxs en la tristeza de la cloaca. En Lacroze: pogo, alto pogo. Salta, salta,
salta luchadora. No había muchas canciones disponibles y ésta había quedado del
encuentro en la provincia que es tan linda como conservadora. El rito se
reitera en la estación Uruguay.
Y la calle y la lluvia, y un corte difícil de
Cerrito a la altura de Lavalle, y veo poetas admiradas y escritoras sutiles
explicando a automovilistas airados que no, que pasar no se puede, que hay una
movilización, que den la vueltita. Las muchachas tienen brazaletes color rosa.
Un rato después, quizás una hora, tan infinita ella, el corte ya está listo y
nos vamos a la bandera de arrastre. No sabemos calcular cuantxs somos. Pero la
marcha es enorme. Doscientas mil, se corre la voz en la columna.
Frío, lluvia, los cantos con las compañeras. En un momento, aterida y temblequeante, pienso en los soldados que estuvieron en Malvinas: sin elegir, sin el horizonte de una ducha caliente, una casa acogedora, una comida. Una multitud aplaudió esa guerra absurda y criminal. En esta Plaza que ahora vamos a pisar, eufóricas pero también en duelo por tantas y tantas mujeres asesinadas. En memoria de las que murieron en abortos mal hechos, en lucha por lxs militantes presos de la Tupac. Tratando de que cada paso sea un hilado con las que están en los barrios y en las fábricas, en las empresas y en las oficinas públicas, en sus casas y en las aulas.
Tantas veces lloré durante el día, que fui
confundiendo lágrimas con lluvia. Los anteojos guardados en el bolso. Veo
borroso, pero vi que en el Cabildo cuelga una bandera rosa que dice Ni una
menos. La patria se hacía matria, nos amparaba y nos decía que había que
seguir: que este paro era un hito histórico y que debíamos aceptar el reto
fundacional. Nosotras paramos. El primer paro nacional de mujeres. 19 de
octubre.
La Nación – Sociedad
La protesta contra los femicidios se convirtió en un clamor nacional
En la Capital, una multitud protestó contra la
violencia de género; por primera vez las mujeres hicieron un cese de
actividades laborales de una hora; el brutal crimen de Lucía Pérez, en Mar del
Plata, volvió a alertar sobre la problemática.
Brenda Struminger
20 de octubre de 2016
Ejercicio
de crónica
Un feliz regreso
A las cuatro en punto sus
manos fueron liberando el cuello de la mujer. Luego le abrochó la blusa roja
aún manchada de barro, mientras ella abría sus mortecinos ojos. Después la tomó
de los brazos y la arrastró por un lodazal; insensible a sus agonizantes
súplicas, hasta alcanzar el taxi. Tras un blando forcejeo, a las cuatro menos
cuarto la introducía en el maletero y arrancaba el coche. A las tres y media se
detenían a la entrada de un camino. Antes de cambiarla al asiento trasero, el
taxista la golpeó con saña en la cabeza. A las tres y cuarto llegaban a la
ciudad. Poco a poco la mujer recuperaba la calma y la pulcritud de su aspecto
físico. A las tres el taxi se paraba ante la verja de una casa y la mujer
descendía del coche con una sonrisa nerviosa pero no exenta de cortesía. A las
tres menos cuarto se ponía una blusa roja y a las dos y media telefoneaba a su
marido. Ahora mismo iba a verlo a la fábrica, acababa de recibir una
inquietante llamada y tenía miedo. A las dos menos cuarto una voz anónima le
comunicaba que con toda seguridad a las cuatro en punto estaría muerta.
Francisco
Corrales Fernández
a) A partir del cuento anterior,
respondan:
-¿Qué característica singular
presenta su cronología?
-¿Qué elementos del texto
permiten reforzar este efecto?
b) Ordenen cronológicamente los hechos de esta historia.
c) Con ellos escriban una crónica periodística, agregando e inventando los datos que crean necesarios. Incluyan en el texto: volanta, título, copete, una entrada de un párrafo, y el resto de la información presentado en forma cronológica.
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