lunes, 14 de junio de 2021

Material para clase 14

 Paro nacional de mujeres

DUELO COLECTIVO Y TEMPLANZA DE LOS CUERPOS

Por María Pía López

El colectivo de mujeres, tramado en movilizaciones, disputas y debates, supo llamar a un Paro nacional. Lo hizo contra toda suposición de viabilidad. Fue masivo y con réplicas en distintas ciudades y países. “Ni una menos” toma contenidos heterogéneos y plantea nuevos problemas. En cada marcha, asamblea, documento, acción en las redes, se fue ampliando un modo de afirmar que “Vivas nos queremos”. Vivas: libres, autónomas, deseantes, productivas.

8, 9, 10 de octubre. El Encuentro Nacional de Mujeres se hizo en Rosario. Debates, talleres, disidencias, enojos, recitales, comidas, reencuentros con viejas amigas, complicidades nuevas, peleas por el orden en la marcha, fundaciones. La vivencia colectiva de una fuerza en crecimiento. Alegría y emoción. Represión en la marcha final. Casi escenográfica en su brutalidad. Las balas buscando el cuerpo. Corridas. El espectáculo de la represión tapa el de la fiesta popular, el encuentro de todas las diversidades.

 Mientras tanto, en Mar del Plata, tres hombres violaban y asesinaban a una adolescente. La crueldad del hecho conmovió al país. Durante los primeros 19 días de octubre se cuentan 20 femicidios. El colectivo de mujeres, tramado en movilizaciones, disputas y debates, supo llamar a un Paro nacional. Lo hizo, contra toda suposición de viabilidad. Lo hizo, mientras los sindicatos mayores del país callaron por un bono de dos mil pesos. Lo hizo, en redes y asambleas. Ni una menos dio el paso inicial, el llamado a la acción. Como lo había hecho en 2015 y en 2016, generando movilizaciones masivas contra la violencia machista. El movimiento de mujeres crece. No lo hace solo con los lenguajes más clásicos del feminismo, sino mezclándolos con las expresiones de una vitalidad popular que tiene muchas aristas y tonos.

El 3 de junio de 2015 se señaló que los femicidios no eran una cuestión de seguridad, sino la punta del iceberg de la violencia patriarcal, y que había que trabajar sobre la prevención y la igualdad antes que sobre la ampliación de los castigos. Al año siguiente, incorporó la legalización del aborto a las demandas, y se tramaron vínculos con múltiples y diversas organizaciones. El 19 de octubre el documento leído en la Plaza de Mayo incorporó la cuestión de la criminalización de la protesta, la situación de las mujeres en las cárceles y los distintos modos de explotación. Ni una menos toma contenidos heterogéneos y plantea nuevos problemas. En cada movilización, asamblea, documento, acción en las redes, se fue ampliando un modo de afirmar que Vivas nos queremos. Vivas, no sólo en términos biológicos. Vivas: libres, autónomas, deseantes, productivas. El movimiento de mujeres crece, como un río, creando nuevos cauces y caminos.

 El 18. Agitación constante. Los grupos de wasap son nuestra caldera, brujas con tecnología. Ahí tiramos todo, pensamos, proponemos. Amasamos el paro, lo criamos, le damos alimento, lo volvemos multicolor. Pero las cosas se realizan fuera del teléfono: juntadas para pintar carteles, febriles reescrituras del documento, reuniones para definir la seguridad, recorrida por sets de televisión y atención a miles de radios del país y del exterior, traducciones de los textos a veinte idiomas. Nunca vi una fuerza colectiva tan dispersa, potente, horizontal, creativa como la que fue armando el paro que son muchísimos paros, infinidad de actos, marchas por todos lados. La potencia es tan alegre y tan furiosa, es duelo colectivo y templanza de los cuerpos, es bulliciosa y sabia, discutidora y tenaz, que arrasa también con nosotras mismas. Agota mientras libera. Nos asomamos al 19 de octubre con la sensación de que estamos ante una fecha histórica. La paladeamos, con deseo y temblor. Demasiada intensidad. Decidí pensar en otra cosa durante un rato en subte. Después volvería al trajín. Me senté al lado de una chica. Ella dejó su teléfono para abrir un libro. Leía a Simone de Beauvoir. Nos miramos y sonreímos.

 El 19. Veo muchas mujeres vestidas de negro. En la calle, en el subte, en el tren. ¿Todas serán parte de la protesta? En el subte carteles, también en los puestos de diarios. Paro nacional de mujeres. Las compañeras de la Universidad Nacional de General Sarmiento paran a las 13. Sacan bombos y platillos, termos y ollas, y a recorrer el campus bajo la lluvia. En fila india para aprovechar los aleros. Somos muchas. Llega el momento de la radio abierta. Hablan varias para denunciar el machismo en todos los ámbitos. Llega una amiga de Carla Vallejos, que murió luego de agonizar cuarenta días, a pedir justicia. El femicida sigue caminando por el barrio, impune. El fiscal desoye a la familia. Los hijos, desamparados. Natalia, de Malviticias, amplía la lista. Polvorines es un polvorín.

 Ya mojadas, nos vamos hacia el tren. Y el tren es territorio de cantos y saltos. Se arma caravana para recorrer los vagones, arengar y convencer. Algunos se ponen más firmes los auriculares, algunas doñas se suman, aplauden. Las más jóvenes se incorporan a la marchita. El canto dice, sobre el final, “cómo te duele machista, ver que crece la lucha feminista”. Pasamos todas las estaciones que mojonean el borde de Campo de Mayo cantando eso. En algún sentido, repara, rememora, muestra una vitalidad que no puede ser arrasada.

 Una compañera cuenta: en las redes hay trolls o trogloditas. Alguno llegó a amenazarla: vas a aparecer en una bolsa. Otros se limitan a putearla. Las redes son amplificación y encierro. Todo el tiempo: inventar estrategias para romper los diques de los algoritmos y para no quedar sumidxs en la tristeza de la cloaca. En Lacroze: pogo, alto pogo. Salta, salta, salta luchadora. No había muchas canciones disponibles y ésta había quedado del encuentro en la provincia que es tan linda como conservadora. El rito se reitera en la estación Uruguay.

 Y la calle y la lluvia, y un corte difícil de Cerrito a la altura de Lavalle, y veo poetas admiradas y escritoras sutiles explicando a automovilistas airados que no, que pasar no se puede, que hay una movilización, que den la vueltita. Las muchachas tienen brazaletes color rosa. Un rato después, quizás una hora, tan infinita ella, el corte ya está listo y nos vamos a la bandera de arrastre. No sabemos calcular cuantxs somos. Pero la marcha es enorme. Doscientas mil, se corre la voz en la columna.

Frío, lluvia, los cantos con las compañeras. En un momento, aterida y temblequeante, pienso en los soldados que estuvieron en Malvinas: sin elegir, sin el horizonte de una ducha caliente, una casa acogedora, una comida. Una multitud aplaudió esa guerra absurda y criminal. En esta Plaza que ahora vamos a pisar, eufóricas pero también en duelo por tantas y tantas mujeres asesinadas. En memoria de las que murieron en abortos mal hechos, en lucha por lxs militantes presos de la Tupac. Tratando de que cada paso sea un hilado con las que están en los barrios y en las fábricas, en las empresas y en las oficinas públicas, en sus casas y en las aulas.

 Tantas veces lloré durante el día, que fui confundiendo lágrimas con lluvia. Los anteojos guardados en el bolso. Veo borroso, pero vi que en el Cabildo cuelga una bandera rosa que dice Ni una menos. La patria se hacía matria, nos amparaba y nos decía que había que seguir: que este paro era un hito histórico y que debíamos aceptar el reto fundacional. Nosotras paramos. El primer paro nacional de mujeres. 19 de octubre.  

Fuente: Revista Anfibia, octubre de 2016 – Recuperado de: 



La Nación – Sociedad

La protesta contra los femicidios se convirtió en un clamor nacional

En la Capital, una multitud protestó contra la violencia de género; por primera vez las mujeres hicieron un cese de actividades laborales de una hora; el brutal crimen de Lucía Pérez, en Mar del Plata, volvió a alertar sobre la problemática.



Brenda Struminger

20 de octubre de 2016


La lluvia fue incesante durante la tarde de ayer, pero no impidió que miles de mujeres se manifestaran en el Obelisco y en la Plaza de Mayo tras la convocatoria del colectivo #NiUnaMenos contra la violencia de género. Al mediodía, hubo un paro laboral femenino en todo el país. El negro vistió los cuerpos de las mujeres que protestaron en una jornada inédita en el país.

El llamado al paro de mujeres con movilización surgió el jueves pasado por la fuerte repercusión que tuvo el caso de Lucía Pérez, una adolescente violada, torturada y asesinada en Mar del Plata. La convocatoria la hizo #NiUnaMenos junto con otras agrupaciones feministas. Se sumaron partidos de izquierda, gremios, el kirchnerismo y organizaciones de derechos humanos.

En oficinas privadas y públicas, entre las 13 y las 14, las mujeres suspendieron sus tareas y salieron a la calle a aplaudir como forma de manifestación contra la desigualdad. Varios hombres acompañaron y se mostraron junto a ellas bajo la lluvia. LA NACION recibió reportes y fotos desde dependencias públicas, municipales y nacionales, de empresas privadas porteñas y bonaerenses que habían parado, y de localidades del interior.

El paro se sintió hasta en el subte. Pasadas las 13, en una formación de la línea B, una voz masculina informó por altavoz que la formación era operada sólo por hombres porque las mujeres habían parado. En la estación Diagonal Norte de la línea D se leía la frase “Ni una menos” en los carteles digitales que indican el estado del servicio.

La concentración estaba convocada para las 17, pero a las 16 ya se veía una importante afluencia en torno del Obelisco. Hacia las 18 apenas se podía caminar por las calles que rodean la intersección de las avenidas 9 de Julio y Corrientes. Anoche, autoridades vinculadas con el área de seguridad porteña informaban que la marcha superó las 25.000 personas. Al cierre de esta edición, las organizadoras calculaban casi el doble.

Aunque estaban divididas las opiniones sobre si debían ir los hombres, hubo fuerte presencia masculina. “Pensamos que por la lluvia no venía tanta gente, esto nos sorprendió”, dijo Clara, que viajó desde Ramos Mejía con su novio, Enrique. “Él me quiso acompañar y le dije que sí, aunque habíamos escuchado que los hombres no estaban invitados.” Él también opinó: “Me parece importante que nosotros también pensemos en la situación de las mujeres, muchas veces piensan que no es nuestro problema”.

Hasta ayer no estaba confirmado si la manifestación iría hacia la Plaza de Mayo. Algunos de los organizadores querían evitar que, al protestar frente a la Casa Rosada, su reclamo quedara reducido a un acto específico contra el Gobierno. Además, había temor a que hubiera incidentes en la Catedral, como en otras manifestaciones feministas. Pasadas las 20, durante la desconcentración, un grupo de casi 20 jóvenes con caras cubiertas lanzó bombas de pintura contra la Catedral, que estaba vallada. Tiraron y quemaron basura. Pintaron la palabra aborto en las vallas.

Es una manifestación de unión, nos empoderamos al saber que estamos juntas. Que la sociedad sepa que ni la lluvia nos para”, dijo María, de 27 años, bajo un paraguas rojo, cerca de la Catedral. Fue a la movilización junto con dos amigas; todas llevaron carteles alusivos a #NiUnaMenos, hechos por ellas mismas.

Desde temprano, en calles y avenidas del centro porteño, estaban preparados improvisados stands donde se vendían pins a $ 15, remeras con consignas feministas a $ 120, banderas #NiUnaMenos a $ 50, así como pilotos y paraguas. “A los choris, chicas, a los choris”, cantaban los asadores, entre nubes de humo, al caer la noche en la Plaza de Mayo.

Las calles céntricas permanecieron cortadas hasta pasadas las 20. El tránsito alrededor de la zona de la manifestación fue un caos.

Los bares cercanos a la Plaza de Mayo estaban colmados de gente que tomaba café, aprovechaba para ir al baño y se refugiaba de la lluvia incesante. Muchos locales permanecieron cerrados, tal vez para evitar la entrada masiva de manifestantes.

El ánimo era tranquilo pero efusivo. Mujeres con chicos, embarazadas, con sus parejas, con amigas, con compañeros y compañeras de agrupaciones políticas. Se oían el estruendo de bombos y cánticos femeninos por altavoces. En la calle, muchos se quejaban del uso de paraguas, que empeoraba la complicada circulación a pie. No mojarse era casi imposible.

También hubo rondas de mujeres que cantaban “Ni una Menos, vivas las queremos”. En menor medida podían escucharse consignas contra el Gobierno, en especial de agrupaciones de izquierda.

Había banderas de Pan y Rosas, de La Cámpora, del Frente de Izquierda, del Partido Comunista Revolucionario, de Autodeterminación y Libertad. También podían verse banderas de agrupaciones de defensa de la diversidad, como la de “Lesbianas Presentes”. En otra, podía verse la bandera del arco iris, símbolo del orgullo gay.

Muchas mujeres hicieron sus propios carteles caseros, que llevaron colgados en la espalda, en los paraguas y en los bolsos. La charla surgió de manera espontánea entre desconocidas de todas las edades.

Vine a la marcha porque estos eventos obligan a los medios a hablar del tema y cuanto más se hable y más repercusiones tenga más cerca de un cambio vamos a estar”, sostuvo Fernanda, arquitecta de 30 años, de Villa Urquiza, que estaba complemente vestida de negro. “El cambio no es sólo el ideal desde políticas públicas, sino también desde la toma de conciencia a nivel grupal e individual”, concluyó.




Ejercicio de crónica

Un feliz regreso

            A las cuatro en punto sus manos fueron liberando el cuello de la mujer. Luego le abrochó la blusa roja aún manchada de barro, mientras ella abría sus mortecinos ojos. Después la tomó de los brazos y la arrastró por un lodazal; insensible a sus agonizantes súplicas, hasta alcanzar el taxi. Tras un blando forcejeo, a las cuatro menos cuarto la introducía en el maletero y arrancaba el coche. A las tres y media se detenían a la entrada de un camino. Antes de cambiarla al asiento trasero, el taxista la golpeó con saña en la cabeza. A las tres y cuarto llegaban a la ciudad. Poco a poco la mujer recuperaba la calma y la pulcritud de su aspecto físico. A las tres el taxi se paraba ante la verja de una casa y la mujer descendía del coche con una sonrisa nerviosa pero no exenta de cortesía. A las tres menos cuarto se ponía una blusa roja y a las dos y media telefoneaba a su marido. Ahora mismo iba a verlo a la fábrica, acababa de recibir una inquietante llamada y tenía miedo. A las dos menos cuarto una voz anónima le comunicaba que con toda seguridad a las cuatro en punto estaría muerta.

                                                                                  Francisco Corrales Fernández

 

a) A partir del cuento anterior, respondan:

-¿Qué característica singular presenta su cronología?

-¿Qué elementos del texto permiten reforzar este efecto?

b) Ordenen cronológicamente los hechos de esta historia.

c) Con ellos escriban una crónica periodística, agregando e inventando los datos que crean necesarios. Incluyan en el texto: volanta, título, copete, una entrada de un párrafo, y el resto de la información presentado en forma cronológica.


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