domingo, 6 de junio de 2021

Material para clase 12

 

Los siguientes son tres textos acerca del psiquiatra Carl G. Jung. Traten de establecer los elementos que los distinguen como tres géneros biográficos diferentes.

 

1-JUNG BÁSICO

Kesswil, 1875 – Küsnacht, 1961. Psiquiatra.

Pionero de la psicología profunda, Jung nació en una aldea suiza llamada Kesswil. Además de hablar y leer los principales idiomas europeos, leía lenguas antiguas, incluso el sánscrito. Jung estudió medicina en la Universidad de Basilea y al recibirse trabajó en el hospital psiquiátrico de Burdhölzi. Colaboró con Freud, a quien admiraba, pero finalmente terminó enfrentado por discrepancias intelectuales (…). Incorporó a su metodología nociones de antropología, alquimia, arte, mitología, religión y filosofía. Sus investigaciones sobre la actividad onírica fueron clave en la caracterización de su pensamiento, volcado en una prolífica obra.

 

2-No hay necesidad de presentar al público de habla española la figura de C.G.Jung (1875-1961); su nombre integra definitivamente el triunvirato de los grandes investigadores y renovadores de la psicología contemporánea, junto con Adler y Freud. Discípulo de este último, se alejó para ensanchar el estrecho racionalismo de su maestro en direcciones que han dado paso a las más avasalladoras corrientes de nuestro tiempo. Así, Jung se orientó a través de la psicología hacia el examen filosófico de las realidades espirituales. La crisis examinada en su obra es la del alma del hombre moderno, para quien los problemas psicológicos viven con urgencia desconocida en siglos anteriores. Creador de conceptos fundamentales, como el inconsciente colectivo, la oposición “ánima – ánimus”, los arquetipos, su finalidad fue siempre ayudar a los hombres y a las mujeres a conocerse a sí mismos.

 

3- (…) Comenzamos en la primavera de 1957. Mi primera tarea consistió exclusivamente en plantear preguntas y anotar las respuestas de Jung. Pese a que al principio se mostró algo reservado y vacilante, pronto se puso a narrar, con creciente interés, sobre sí mismo, su evolución, sus sueños y sus pensamientos. (…) Los capítulos transmiten la atmósfera de su mundo espiritual y las vivencias de un hombre para quien el alma significaba la más auténtica realidad.

Medio año después de mi nacimiento (1875) mis padres se trasladaron de Kesswil (Cantón de Thurgau) junto al Lago de Constanza, a la parroquia del castillo de Laufen, más allá de la cascada del Rin. 

Mis recuerdos se remontan aproximadamente a los dos o tres años. Recuerdo la casa del párroco, el jardín, los libros infantiles, la iglesia, el castillo, la cascada del Rin, el castillo de Worth y la finca de Messmer. Son islas de recuerdo que flotan en un mar indeterminado, aparentemente sin relación alguna. 

De aquí emerge un recuerdo, quizás el primero de mi vida y, por consiguiente, sólo una impresión bastante vaga: yazco en un cochecito a la sombra de un árbol. Es un bello y caluroso día de verano, de cielo azul. Los dorados rayos del sol juguetean a través de las hojas. La cubierta del cochecito es alzada. Despierto en medio de tanta belleza y siento un indescriptible bienestar.

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ALMUERZO CON… LI CUNXIN

“Mi corazón sigue siendo el de un campesino pobre”

por Rocío García

 

Día ideal para un cocido. La nieve ha hecho su aparición por primera vez en el invierno madrileño y las temperaturas bajas invitan a una comida calórica. Y es que Li Cunxin tenía verdadero empeño en probar la más típica de las comidas de Madrid, en su primera visita a la ciudad, tras degustar hace ya años una “pallella” en Bilbao. El lugar es ruidoso y popular, pero este ex bailarín chino que, a sus 49 años, sigue conservando una apariencia más que juvenil, está encantado. Y la pasión que muestra al degustar los platos –repite sopa y jamón y pica de más algún garbanzo que otro- contrasta con la tranquilidad y dulzura con la que narra su conversión de “héroe” de la China de Mao a “traidor” cuando en los años ochenta decidió desertar a Estados Unidos. “Yo nunca me he considerado un traidor a mi país. Fue el Gobierno chino quien me obligó a alejarme de mi pueblo”, cuenta Cunxin, un niño nacido pobre que, con 11 años, fue arrancado de su familia campesina de Qingdao y sometido a una despiadada disciplina para convertirle en uno de los mejores bailarines del mundo.

Li Cunxin cuenta esos años llenos de contrastes, terribles, por un lado, porque vivió alejado de sus padres y de sus seis hermanos – “lloraba todas las noches escondido bajo una manta que había tejido mi madre” –. Pero gloriosos, por otro, por sus éxitos en el baile, como relata en El último bailarín de Mao, cuya publicación en España (editorial Kailas) coincide con el estreno el próximo día 17 de la película del mismo título que ha dirigido Bruce Beresford. “El baile cambió mi destino. Salí de la pobreza y conseguí no solo una educación, sino también dinero para ayudar a mi familia”.

Sin embargo, Cunxin, que dejó de bailar hace 10 años y vive hoy como empresario en Melbourne (Australia) con su mujer y sus tres hijos, sigue añorando la dignidad y generosidad de la comuna donde se crio. Un lugar donde no había agua corriente ni electricidad, donde las temperaturas alcanzaban en invierno los 15 grados bajo cero y se pasaba hambre. “De 1958 a 1961, cuando yo nací, murieron de hambre entre 35 y 37 millones de personas; por eso mis padres no aspiraban a nada más que a que sus hijos no murieran por falta de alimentos”. Y por eso Cunxin confiesa abiertamente: “Mi corazón sigue siendo el de un campesino pobre”.

Ya no guarda resentimiento hacia un Gobierno que lavó el cerebro a muchas generaciones. Cuando llegó a Estados Unidos, no solo lo sorprendieron los rascacielos, la prosperidad y la riqueza, también los árboles. “En mi comuna arrasaron con los bosques y con todas las zonas verdes” y, sobre todo, la libertad. “Me sentí muy defraudado por las mentiras que Mao y su régimen nos habían contado, fue en ese momento cuando me di cuenta de que mi corazón como artista se centraba en la danza y no en la política. Ese sentimiento me duró unos años, luego conseguí hacer las paces conmigo mismo”.

Li Cunxin no quiere ni postre ni café. Su hijo mayor, de 18 años, lo espera en la entrada. “Cuando me acuerdo de mi juventud me doy cuenta de la fuerza que hay que tener para no perder las esperanzas en circunstancias tan trágicas. El libro y la película ensalzan el coraje y el valor para perseguir los sueños. Ya me lo decía mi padre, que murió campesino: “Nunca olvides de dónde vienes, aunque hayas conseguido ser tan famoso en Occidente; de nada vale el éxito en el baile, en los negocios o la literatura si no eres una buena persona, un buen padre”.

(Publicada en El País, el 01/12/2010)

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San Martín

   San Martín fue el libertador del Sur, el padre de la República Argentina, el padre de Chile. Sus padres eran españoles, y a él lo mandaron a España  para que fuese militar del rey. Cuando Napoleón entró en España con su ejército, para quitarles a los españoles la libertad, los españoles todos pelearon contra Napoleón: pelearon los viejos, las mujeres, los niños. (...)

   San Martín peleó muy bien en la batalla de Bailén, y lo hicieron teniente coronel. Hablaba poco, parecía de acero. Miraba como un águila, nadie lo desobedecía. Su caballo iba y venía por el campo de pelea, como el rayo por el aire. En cuanto supo que América peleaba para hacerse libre, vino a América: ¿qué le importaba perder su carrera, si iba a cumplir con su deber?

   Llegó a Buenos Aires. No dijo discursos: levantó un escuadrón de caballería. En San Lorenzo fue su primera batalla. Sable en mano se fue San Martín detrás de los españoles, que venían muy seguros tocando el tambor, y se quedaron sin tambor, sin cañones y sin bandera.

   En los otros pueblos de América los españoles iban venciendo. A Bolívar lo había echado Morrillo, el cruel, de Venezuela. Hidalgo estaba muerto: salió huyendo de Chile. Pero donde estaba San Martín siguió siendo libre la América. Hay hombres así, que no pueden ver esclavitud. San Martín no podía; y se fue a libertar a Chile y al Perú. En dieciocho días cruzó con su ejército los Andes altísimos y fríos: iban los hombres como por el cielo, hambrientos, sedientos. Abajo, muy abajo, los árboles parecían yerba, los torrentes rugían como leones. San Martín se encuentra al ejército español y lo deshace en la batalla de Maipú, lo derrota para siempre en la batalla de Chacabuco. Liberta a Chile. Se embarca con su tropa, y va a libertar al Perú. Pero en el Perú estaba Bolívar, y San Martín le cede la gloria.

   Se fue a Europa triste, y murió en brazos de su hija Mercedes. Escribió su testamento en una cuartilla de papel, como si fuera el parte de una batalla. Le habían regalado el estandarte que el conquistador Pizarro trajo hace cuatro siglos, y él le regaló el estandarte en el testamento al Perú.

   Un escultor es admirable porque saca una figura de la piedra bruta: pero esos hombres que hacen pueblos son como más que hombres. Quisieron algunas veces lo que no debían querer; ¿pero qué no le perdonará un hijo a su padre? El corazón se llena de ternura al pensar en esos gigantes fundadores. Esos son héroes: los que pelean para hacer a los pueblos libres, o los que padecen en pobreza y desgracia por defender una gran verdad. Los que pelean por la ambición, por hacer esclavos a otros pueblos, por tener más mando, por quitarle a otro pueblo sus tierras, no son héroes, sino criminales.

             Jose Martí, en: “Tres héroes”, Crónicas de la Edad de Oro, 1882.  

 

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