domingo, 30 de mayo de 2021

Escritura de un cuento

 Luego de leer el cuento "Némesis" de Sara Gallardo, que se encuentra en los Materiales de la clase 11:

a) Escriban otro cuento totalmente diferente en el que se trate el mismo tema que en el texto de Gallardo. Redáctenlo en tiempo cero pasado e incluyan en el cuento:

·  una analepsis de por lo menos tres líneas

·  una descripción de persona

·  una descripción de lugar o ambiente.

     b) Pónganle un título al cuento terminado.

     c) Aclaren qué función o funciones tienen las descripciones que incluyeron e indiquen qué tipo de narrador han utilizado.  

   Extensión: 25 líneas.          


Material para la clase 11

 

El fin

Jorge Luis Borges

 

         Recabarren, tendido, entreabrió los ojos y vio el oblicuo cielo raso de junco. De la otra pieza le llegaba un rasgueo de guitarra, una suerte de pobrísimo laberinto que se enredaba y desataba infinitamente…

         Recobró poco a poco la realidad, las cosas cotidianas que ya no cambiaría nunca por otras. Miró sin lástima su gran cuerpo inútil, el poncho de lana ordinaria que le envolvía las piernas. Afuera, más allá de los barrotes de la ventana, se dilataban la llanura y la tarde; había dormido, pero aún quedaba mucha luz en el cielo. Con el brazo izquierdo tanteó dar con un cencerro de bronce que había al pie del catre. Una o dos veces lo agitó; del otro lado de la puerta seguían llegándole los modestos acordes. El ejecutor era un negro que había aparecido una noche con pretensiones de cantor y que había desafiado a otro forastero a una larga payada de contrapunto. Vencido, seguía frecuentando la pulpería, como a la espera de alguien. Se pasaba las horas con la guitarra, pero no había vuelto a cantar; acaso la derrota lo había amargado. La gente ya se había acostumbrado a ese hombre inofensivo. Recabarren, patrón de la pulpería, no olvidaría ese contrapunto; al día siguiente, al acomodar unos tercios de yerba, se le había muerto bruscamente el lado derecho y había perdido el habla. A fuerza de apiadarnos de las desdichas de los héroes de la novelas concluimos apiadándonos con exceso de las desdichas propias; no así el sufrido Recabarren, que aceptó la parálisis como antes había aceptado el rigor y las soledades de América. Habituado a vivir en el presente, como los animales, ahora miraba el cielo y pensaba que el cerco rojo de la luna era señal de lluvia.

         Un chico de rasgos aindiados (hijo suyo, tal vez) entreabrió la puerta. Recabarren le preguntó con los ojos si había algún parroquiano. El chico, taciturno, le dijo por señas que no; el negro no cantaba. El hombre postrado se quedó solo; su mano izquierda jugó un rato con el cencerro, como si ejerciera un poder.

         La llanura, bajo el último sol, era casi abstracta, como vista en un sueño. Un punto se agitó en el horizonte y creció hasta ser un jinete, que venía, o parecía venir, a la casa. Recabarren vio el chambergo, el largo poncho oscuro, el caballo moro, pero no la cara del hombre, que, por fin, sujetó el galope y vino acercándose al trotecito. A unas doscientas varas dobló. Recabarren no lo vio más, pero lo oyó chistar, apearse, atar el caballo al palenque y entrar con paso firme en la pulpería.

         Sin alzar los ojos del instrumento, donde parecía buscar algo, el negro dijo con dulzura:

         —Ya sabía yo, señor, que podía contar con usted.

         El otro, con voz áspera, replicó:

         —Y yo con vos, moreno. Una porción de días te hice esperar, pero aquí he venido.

         Hubo un silencio. Al fin, el negro respondió:

         —Me estoy acostumbrando a esperar. He esperado siete años.

         El otro explicó sin apuro:

         —Más de siete años pasé yo sin ver a mis hijos.

         Los encontré ese día y no quise mostrarme como un hombre que anda a las puñaladas.

         —Ya me hice cargo —dijo el negro—. Espero que los dejó con salud.

         El forastero, que se había sentado en el mostrador, se rió de buena gana. Pidió una caña y la paladeó sin concluirla.

         —Les di buenos consejos —declaró—, que nunca están de más y no cuestan nada. Les dije, entre otras cosas, que el hombre no debe derramar la sangre del hombre.

         Un lento acorde precedió la respuesta de negro:

         —Hizo bien. Así no se parecerán a nosotros.

         —Por lo menos a mí —dijo el forastero y añadió como si pensara en voz alta—: Mi destino ha querido que yo matara y ahora, otra vez, me pone el cuchillo en la mano.

         El negro, como si no lo oyera, observó:

         —Con el otoño se van acortando los días.

         —Con la luz que queda me basta —replicó el otro, poniéndose de pie.

         Se cuadró ante el negro y le dijo como cansado:

         —Dejá en paz la guitarra, que hoy te espera otra clase de contrapunto.

         Los dos se encaminaron a la puerta. El negro, al salir, murmuró:

         —Tal vez en éste me vaya tan mal como en el primero.

         El otro contestó con seriedad:

         —En el primero no te fue mal. Lo que pasó es que andabas ganoso de llegar al segundo.

         Se alejaron un trecho de las casas, caminando a la par. Un lugar de la llanura era igual a otro y la luna resplandecía. De pronto se miraron, se detuvieron y el forastero se quitó las espuelas. Ya estaban con el poncho en el antebrazo, cuando el negro dijo:

         —Una cosa quiero pedirle antes que nos trabemos. Que en este encuentro ponga todo su coraje y toda su maña, como en aquel otro de hace siete años, cuando mató a mi hermano.

         Acaso por primera vez en su diálogo, Martín Fierro oyó el odio. Su sangre lo sintió como un acicate. Se entreveraron y el acero filoso rayó y marcó la cara del negro.

         Hay una hora de la tarde en que la llanura está por decir algo; nunca lo dice o tal vez lo dice infinitamente y no lo entendemos, o lo entendemos pero es intraducible como una música… Desde su catre, Recabarren vio el fin. Una embestida y el negro reculó, perdió pie, amagó un hachazo a la cara y se tendió en una puñalada profunda, que penetró en el vientre. Después vino otra que el pulpero no alcanzó a precisar y Fierro no se levantó. Inmóvil, el negro parecía vigilar su agonía laboriosa. Limpió el facón ensangrentado en el pasto y volvió a las casas con lentitud, sin mirar para atrás. Cumplida su tarea de justiciero, ahora era nadie. Mejor dicho era el otro: no tenía destino sobre la tierra y había matado a un hombre.

  

No se culpe a nadie de Julio Cortázar (fragmento)

    El frío complica siempre las cosas, en verano se está tan cerca del mundo, tan piel contra piel, pero ahora a las seis y media su mujer lo espera en una tienda para elegir un regalo de casamiento, ya es tarde y se da cuenta de que hace fresco, hay que ponerse el pulóver azul, cualquier cosa que vaya bien con el traje gris, el otoño es un ponerse y sacarse pulóveres, irse encerrando, alejando. Sin ganas silba un tango mientras se aparta de la ventana abierta, busca el pulóver en el armario y empieza a ponérselo delante del espejo. No es fácil, a lo mejor por culpa de la camisa que se adhiere a la lana del pulóver, pero le cuesta hacer pasar el brazo, poco a poco va avanzando la mano hasta que al fin asoma un dedo fuera del puño de lana azul, pero a la luz del atardecer el dedo tiene un aire como de arrugado y metido para adentro, con una uña negra terminada en punta. De un tirón se arranca la manga del pulóver y se mira la mano como si no fuese suya, pero ahora que está fuera del pulóver se ve que es su mano de siempre y él la deja caer al extremo del brazo flojo y se le ocurre que lo mejor será meter el otro brazo en la otra manga a ver si así resulta más sencillo(...).

 


Némesis de Sara Gallardo

   No lloré a mi marido en realidad. Treinta años de discordia. Mejor: diez de discordia y veinte de odio. Un yugo, si los hay.

   Heredé. Siempre deseé tener mis propios bienes. Invertí, compré tierra, sé asesorarme, puse dinero en préstamo.

   Esto me hizo feliz. Empecé a notar los colores del cielo.

   Cuando estrené mi casa, dos cuartos con alfombra y jarrones, vista a un parque, bebí champagne a solas, reí.

   Todos los viernes invité a amigos a una mesa de bridge. Matrimonios de vieja data y algún pederasta para completar.

   Un lunes a la tarde se me fue la sirvienta, inservible, reumática. Fue a internarse. Un alivio.

   Pedí ayuda al portero. Mandó a su hijo.

   No sé qué ha sucedido.

   He empezado a meditar en historias que nunca creí. En Cupido, en sus flechas, en la venda.

   Entró en mi casa y me miró. Por un instante quedé, ¿cómo decir?, no respondió mi lengua.

   Leí en novelas algo de esto. ¡Pero no de esta forma!

   Me encuentro pensando en cosas que no escuché, de brujos o de dioses. He enfermado de amor.

   Hace diez días hubiera reído escuchando esta historia.

   Sabe lo que me aqueja; no es compasivo; ronda; apenas disimula su desdén.

   Le gusta –como a mí– el dinero. Edifica para su novia una casita en un suburbio.

   ¿Como a mí, dije? Temblando me acerco a sus pies, llevo la mano a sus rodillas. Le doy mi dinero.

   Invito al bridge aún. No distingo las caras de mis nietos. Cada tarde me visto de lo que creí ser. Visito. Hablo de cine, de políticas, modas.

   Vuelvo de noche, sin mirarme en el espejo del ascensor, ardiendo.

   En la cocina, indiferente, está. Corro a buscarlo.

   ¿Qué era el mundo?

  

Expliquen cuál es el tema que aborda la autora en el cuento y su relación con el título correspondiente.

 

lunes, 17 de mayo de 2021

Tarea de lectura/escucha y reflexión sobre el lenguaje inclusivo

  Les propongo que lean:

-la entrevista Santiago Kalinowski: "Prohibir la 'e' es persecución política", publicado en Página 12 el 13/01/20:

https://www.pagina12.com.ar/241461-santiago-kalinowski-prohibir-la-e-es-persecucion-politica 

-el artículo de opinión de Carolina Tosi: Lenguaje inclusivo y enseñanza lingüística, publicado en Página 12 el 8/04/21:

https://www.pagina12.com.ar/334163-lenguaje-inclusivo-y-ensenanza-linguistica

-los editoriales El absurdo debate sobre el lenguaje inclusivo (parte I) El absurdo debate sobre el lenguaje inclusivo (última parte) publicados en La Nación el 28 y el 29/01/20: 

https://www.lanacion.com.ar/editoriales/el-absurdo-debate-sobre-el-lenguaje-inclusivo-parte-i-nid2328004/

https://www.lanacion.com.ar/editoriales/el-absurdo-debate-sobre-el-lenguaje-inclusivo-ultima-parte-nid2328355/

y que escuchen el audio de una entrevista al escritor Martín Kohan, en el fragmento en que habla sobre el lenguaje inclusivo:

https://www.youtube.com/watch?v=nNFG1KAaUTk

En nuestra próxima clase, intercambiarán opiniones sobre lo que defienden estos textos y sobre sus propias perspectivas.

Material para clase 10

 

1- Completen:

Tiempo cero presente

a) Al presentar su libro, el autor ………………………… (agradecer) la colaboración de algunos profesores que le ………………………..(brindar) material para su obra. El laureado historiador……………………. (aclarar) además que en el futuro ………………………..(continuar) con sus investigaciones, para lo cual ……………………..(volver) a recurrir a quienes lo ……………………………. (ayudar) en la redacción del texto que hoy ……………………….. (presentar) al público.

 

Tiempo cero pasado

b) Al presentar su libro, el autor ………………………… (agradecer) la colaboración de algunos profesores que le ………………………..(brindar) material para su obra. El laureado historiador……………………. (aclarar) además que en el futuro ………………………..(continuar) con sus investigaciones, para lo cual ……………………..(volver) a recurrir a quienes lo ……………………………. (ayudar) en la redacción del texto que ese día ……………………….. (presentar) al público.

 

2- Sabiendo que el siguiente microrrelato está narrado en tiempo cero pasado, señalen y corrijan los errores en los tiempos verbales que no sean correctos.

 Cuento de arena de Jairo Aníbal Niño

     Un día la ciudad desapareció. De cara al desierto y con los pies hundidos en la arena, todos comprenden que durante treinta largos años estuvieron viviendo en un espejismo.

 

¿Podría este párrafo continuar el cuento?

        Recordaron aquellos días en los que habían llegado los visitantes. Se presentaron como los salvadores y compartieron su aparente sabiduría y sus riquezas. Pero pasado el tiempo, todo resulta ser una mentira. Había que seguir adelante; por eso el líder de la comunidad les pidió a todos que dejen de llorar.

 

3- a)En los siguientes fragmentos, analicen las figuras retóricas subrayadas:

Ciego a las culpas, el destino puede ser despiadado con las mínimas distracciones. Dahlmann había conseguido, esa tarde, un ejemplar descabalado de las “Mil y una Noches” de Weil; ávido de examinar ese hallazgo, no esperó que bajara el ascensor y subió con apuro las escaleras. Algo en la oscuridad le rozó la frente, ¿un murciélago, un pájaro? En la cara de la mujer que le abrió la puerta vio grabado el horror, y la mano que se pasó por la frente salió roja de sangre.(...)

En una mesa comían y bebían ruidosamente unos muchachones, en los que Dahlmann, al principio, no se fijó. En el suelo, apoyado en el mostrador, se acurrucaba, inmóvil como una cosa, un hombre muy viejo. Los muchos años lo habían reducido y pulido como las aguas a una piedra o las generaciones de los hombres a una sentencia. Era oscuro, chico y reseco, y estaba como fuera del tiempo, en una eternidad.(...)

Dahlmann se acomodó junto a la ventana. La oscuridad fue quedándose con el campo, pero su olor y sus rumores aún le llegaban entre los barrotes de hierro. El patrón le trajo sardinas y después carne asada. Dahlmann las empujó con unos vasos de vino tinto. Ocioso, paladeaba el áspero sabor y dejaba errar la mirada por el local, ya un poco soñolienta.(...) Dahlmann, de pronto, sintió un leve roce en la cara. Junto al vaso ordinario de vidrio turbio, sobre una de las rayas del mantel, había una bolita de miga. Eso era todo, pero alguien se la había tirado.(...)

(Borges, Jorge Luis, “El Sur”)

b) Inventen figuras retóricas referidas a:

el destino

un hombre viejo

la oscuridad

- un sabor

4-Lean el cuento “A la deriva” de Horacio Quiroga y rastreen los segmentos descriptivos. ¿Qué se describe? ¿Mediante qué recursos? ¿Con qué propósito?

 

 A la deriva

de Horacio Quiroga

 

El hombre pisó algo blancuzco, y en seguida sintió la mordedura en el pie. Saltó adelante, y al volverse con un juramento vio una yararacusú que, arrollada sobre sí misma, esperaba otro ataque.

El hombre echó una veloz ojeada a su pie, donde dos gotitas de sangre engrosaban dificultosamente, y sacó el machete de la cintura. La víbora vio la amenaza, y hundió más la cabeza en el centro mismo de su espiral; pero el machete cayó de lomo, dislocándole las vértebras.

El hombre se bajó hasta la mordedura, quitó las gotitas de sangre, y durante un instante contempló. Un dolor agudo nacía de los dos puntitos violetas, y comenzaba a invadir todo el pie. Apresuradamente se ligó el tobillo con su pañuelo y siguió por la picada hacia su rancho.

El dolor en el pie aumentaba, con sensación de tirante abultamiento, y de pronto el hombre sintió dos o tres fulgurantes puntadas que, como relámpagos, habían irradiado desde la herida hasta la mitad de la pantorrilla. Movía la pierna con dificultad; una metálica sequedad de garganta, seguida de sed quemante, le arrancó un nuevo juramento.

Llegó por fin al rancho y se echó de brazos sobre la rueda de un trapiche. Los dos puntitos violeta desaparecían ahora en la monstruosa hinchazón del pie entero. La piel parecía adelgazada y a punto de ceder, de tensa. Quiso llamar a su mujer, y la voz se quebró en un ronco arrastre de garganta reseca. La sed lo devoraba.

-¡Dorotea! -alcanzó a lanzar en un estertor-. ¡Dame caña!

Su mujer corrió con un vaso lleno, que el hombre sorbió en tres tragos. Pero no había sentido gusto alguno.

-¡Te pedí caña, no agua! -rugió de nuevo-. ¡Dame caña!

-¡Pero es caña, Paulino! -protestó la mujer, espantada.

-¡No, me diste agua! ¡Quiero caña, te digo!

La mujer corrió otra vez, volviendo con la damajuana. El hombre tragó uno tras otro dos vasos, pero no sintió nada en la garganta.

-Bueno; esto se pone feo -murmuró entonces, mirando su pie lívido y ya con lustre gangrenoso. Sobre la honda ligadura del pañuelo, la carne desbordaba como una monstruosa morcilla.

Los dolores fulgurantes se sucedían en continuos relampagueos y llegaban ahora a la ingle. La atroz sequedad de garganta que el aliento parecía caldear más, aumentaba a la par. Cuando pretendió incorporarse, un fulminante vómito lo mantuvo medio minuto con la frente apoyada en la rueda de palo.

Pero el hombre no quería morir, y descendiendo hasta la costa subió a su canoa. Sentose en la popa y comenzó a palear hasta el centro del Paraná. Allí la corriente del río, que en las inmediaciones del Iguazú corre seis millas, lo llevaría antes de cinco horas a Tacurú-Pucú.

El hombre, con sombría energía, pudo efectivamente llegar hasta el medio del río; pero allí sus manos dormidas dejaron caer la pala en la canoa, y tras un nuevo vómito -de sangre esta vez- dirigió una mirada al sol que ya trasponía el monte.

La pierna entera, hasta medio muslo, era ya un bloque deforme y durísimo que reventaba la ropa. El hombre cortó la ligadura y abrió el pantalón con su cuchillo: el bajo vientre desbordó hinchado, con grandes manchas lívidas y terriblemente doloroso. El hombre pensó que no podría jamás llegar él solo a Tacurú-Pucú, y se decidió a pedir ayuda a su compadre Alves, aunque hacía mucho tiempo que estaban disgustados.

La corriente del río se precipitaba ahora hacia la costa brasileña, y el hombre pudo fácilmente atracar. Se arrastró por la picada en cuesta arriba, pero a los veinte metros, exhausto, quedó tendido de pecho.

-¡Alves! -gritó con cuanta fuerza pudo; y prestó oído en vano.

-¡Compadre Alves! ¡No me niegue este favor! -clamó de nuevo, alzando la cabeza del suelo. En el silencio de la selva no se oyó un solo rumor. El hombre tuvo aún valor para llegar hasta su canoa, y la corriente, cogiéndola de nuevo, la llevó velozmente a la deriva.

El Paraná corre allí en el fondo de una inmensa hoya, cuyas paredes, altas de cien metros, encajonan fúnebremente el río. Desde las orillas bordeadas de negros bloques de basalto, asciende el bosque, negro también. Adelante, a los costados, detrás, la eterna muralla lúgubre, en cuyo fondo el río arremolinado se precipita en incesantes borbollones de agua fangosa. El paisaje es agresivo, y reina en él un silencio de muerte. Al atardecer, sin embargo, su belleza sombría y calma cobra una majestad única.

El sol había caído ya cuando el hombre, semitendido en el fondo de la canoa, tuvo un violento escalofrío. Y de pronto, con asombro, enderezó pesadamente la cabeza: se sentía mejor. La pierna le dolía apenas, la sed disminuía, y su pecho, libre ya, se abría en lenta inspiración.

El veneno comenzaba a irse, no había duda. Se hallaba casi bien, y aunque no tenía fuerzas para mover la mano, contaba con la caída del rocío para reponerse del todo. Calculó que antes de tres horas estaría en Tacurú-Pucú.

El bienestar avanzaba, y con él una somnolencia llena de recuerdos. No sentía ya nada ni en la pierna ni en el vientre. ¿Viviría aún su compadre Gaona en Tacurú-Pucú? Acaso viera también a su ex patrón mister Dougald, y al recibidor del obraje.

¿Llegaría pronto? El cielo, al poniente, se abría ahora en pantalla de oro, y el río se había coloreado también. Desde la costa paraguaya, ya entenebrecida, el monte dejaba caer sobre el río su frescura crepuscular, en penetrantes efluvios de azahar y miel silvestre. Una pareja de guacamayos cruzó muy alto y en silencio hacia el Paraguay.

Allá abajo, sobre el río de oro, la canoa derivaba velozmente, girando a ratos sobre sí misma ante el borbollón de un remolino. El hombre que iba en ella se sentía cada vez mejor, y pensaba entretanto en el tiempo justo que había pasado sin ver a su ex patrón Dougald. ¿Tres años? Tal vez no, no tanto. ¿Dos años y nueve meses? Acaso. ¿Ocho meses y medio? Eso sí, seguramente.

De pronto sintió que estaba helado hasta el pecho.

¿Qué sería? Y la respiración...

Al recibidor de maderas de mister Dougald, Lorenzo Cubilla, lo había conocido en Puerto Esperanza un viernes santo... ¿Viernes? Sí, o jueves...

El hombre estiró lentamente los dedos de la mano.

-Un jueves...

Y cesó de respirar.

 

lunes, 10 de mayo de 2021

Material para clase 9

 

1. Definan, utilizando los verbos adecuados:

Comunicar:

Medio:

Empresa:

Social:

 

En el mundo de la empresa es muy importante comunicar claramente los objetivos, para que los fines sean conseguidos.

La televisión, como medio de comunicación masiva, tiene una función social.

La empresa que tengo que emprender es difícil: corregir cien exámenes; si logro organizarme, para el sábado tendré medio trabajo hecho.

 

2.Reformulen las siguientes frases con el comienzo que se propone en cada caso:

 a) Las teorías científicas no se construyen por capricho, sino para explicar aquello que nos intriga, para resolver algún problema o para responder preguntas acerca de la naturaleza o la sociedad.

El objetivo de …

 

b) Una tesis es refutada cuando se demuestra que el predicado es erróneamente atribuido a un sujeto.

El hablante refuta…

 

c) Con el universo de los objetos, de la publicidad, de los mass media, la vida cotidiana y el individuo ya no tienen un peso propio, han sido incorporados al proceso de la moda y de la obsolescencia acelerada: la realización definitiva del individuo coincide con su desustancialización, con la emergencia de individuos aislados y vacilantes, vacuos y reciclables ante la permanente variación de los modelos.

Se ha dado un cambio en…

 

3.En el siguiente párrafo, reemplazar algunas de las apariciones del verbo “decir” con otros verbos que resulten adecuados:

El funcionario dijo que interpretaba los episodios de las manifestaciones en contra de la cuarentena, que fue dispuesta debido al Covid19, como hechos nacidos de la desesperación. Dijo además que para él no había habido intención de llevar a cabo una acción ilegal. Sin embargo, de inmediato dijo que no son oportunas expresiones semejantes en este momento, ya que los informes médicos dicen que la probabilidad de contagio todavía es muy alta.

Luego, ampliarlo agregando los siguientes recursos explicativos: definición, reformulación, ejemplo, analogía.


4.Para repasar argumentación, analicen tesis y argumentos de la siguiente carta de lectores:

La Nación – 4/06/20

Comparaciones

Señor director:

                      Al referirse a temas actuales, Juan José Sebreli comparó la clausura impuesta en Villa Azul con la situación de los guetos previos a la Segunda Guerra Mundial. Además, llamó a la "desobediencia civil" en contra de la cuarentena. En ambos casos revela un desconocimiento sorprendente. Respecto de la vida en los guetos, la misma fue pavorosa desde todo punto de vista: la gente literalmente moría de hambre, los cadáveres se amontonaban en las calles y todo ello bajo el feroz yugo nazi, sin contar con que sus habitantes intuían que, más temprano que tarde, serían conducidos a los campos de exterminio. Sin duda, los barrios carenciados del AMBA resultan muy dolorosos, pero por suerte están bien lejos de la atrocidad de aquellos guetos. Quien tenga dudas sobre su espanto puede ver el documental A film unfinished , subtitulado al español, en el sitio gratuito de internet Zoowoman 1.0, para tener una versión en vivo y en directo de esos horrores. En cuanto a la convocatoria de Sebreli a la "desobediencia civil", esta solo es tal cuando quien la ejerce sabe de antemano que, si la pone en práctica, con seguridad le espera una dura cárcel, tal como ocurrió con los casos de Rosa Parks, Ghandi y Mandela, ya que de lo contrario no es "desobediencia civil", sino una mera violación de la ley. Así que, aquí también y una vez más, las comparaciones son -por lo menos- odiosas.

                                                                                                         Adolfo Arbetman  DNI 4.421.713