lunes, 12 de abril de 2021

TP1: Primer parcial domiciliario 2021

 

Lean los dos textos siguientes:

 

 TEXTO 1 (adaptación)


La comunicación ambiental actual, ¿aliada u obstáculo?

 por Sofía María de Vedia

Asistente de Comunicación y Prensa (FARN, Fundación Ambiente y Recursos Naturales). Lic. en Publicidad y especialista en comunicación digital.

[Fuente: Informe ambiental 2020 de la FARN, Fundación Ambiente y Recursos Naturales. En línea, en: https://farn.org.ar/iafonline2020/articulos/6-3-la-comunicacion-ambiental-actual-aliada-u-obstaculo/ ]

 

En el siguiente artículo, escribo desde la subjetividad de una observadora. Aporto la mirada fresca de quien todavía se siente principiante en el extenso mundo del ambientalismo, y propongo la que creo es la manera más adecuada para revertir la realidad ambiental que vivimos.

De democratizar el conocimiento se trata

Para hacer frente a la urgente crisis climática y ecológica que atraviesa nuestro planeta, no caben dudas de que se requiere la adopción de políticas transformadoras con objetivos ambiciosos y a largo plazo. Pero además, es vital el involucramiento y la dedicación de todos los sectores de la sociedad. Esto, claro está, nos comprende también a quienes, desde distintas áreas y ámbitos, nos dedicamos a la comunicación ambiental.

Nuestro trabajo nos ubica en una posición privilegiada, pues tanto las personas que se desempeñan en los medios, como quienes formamos parte de equipos de comunicación en organizaciones de la sociedad civil u otros sectores, tenemos acceso a información valiosa, fidedigna, potente; el conocimiento está al alcance de nuestra mano. Del mismo modo, también contamos con herramientas que facilitan la divulgación de nuestros mensajes. No solo tenemos la posibilidad de contactar, muchas veces, directamente con los grupos tomadores de decisiones, y de recabar testimonios de personas y grupos afectados por problemas ambientales, sino que también podemos llegar a una gran cantidad de gente que cada vez más quiere leernos, escucharnos, y que incluso nos busca por lo que tenemos para decir.

Sin embargo, y a pesar de la enorme responsabilidad que significa la tarea de informar y dirigirse a las audiencias, existe un desafío adicional para la comunicación ambiental. Las cuestiones ambientales suelen estar fuertemente cruzadas por intereses económicos con consecuencias en la independencia de los medios de comunicación. Es habitual que los medios de comunicación decidan hablar o callar ante determinada situación de relevancia, escudándose detrás del discurso de la libertad de expresión, cuando lo que en verdad están haciendo es defender los intereses de empresas más poderosas que los financian a través de la pauta publicitaria (Avella y Rincón, 2018). De esta manera, utilizan todos sus dispositivos para marcar la agenda en el sentido que mejor les convenga. Los comunicadores también se ven envueltos en complejas paradojas entre preservar sus fuentes de trabajo y actuar con independencia.

El involucramiento de la ciudadanía en los reclamos por la defensa del ambiente es un motor fundamental para impulsar la puesta en marcha de acciones efectivas y concretas por parte de los Estados. Tal como expresa Cussianovich (2015), es verdad que existe una “corrección política” por parte de las personas –así como de las empresas y los Gobiernos– frente a las problemáticas ambientales. El concepto de “corrección política” explica el mecanismo mediante el cual la gente asegura sentirse preocupada por el planeta solamente porque entiende que es esa la reacción esperada. Pero es cierto también que esa preocupación es cada vez más real y genuina, y cada vez menos representa una posición apenas políticamente correcta. Gran parte de la sociedad ya se siente interpelada por la crisis ambiental, está dispuesta a cambiar hábitos y se preocupa por aportar de alguna manera a la causa. Sin embargo, las personas precisan hacerse de un conocimiento que en ocasiones no tienen disponible.

El motivo de esto último yace, en parte, dentro del propio mundo del ambientalismo y, en momentos como este en que no es posible contar con el apoyo de los medios de comunicación preponderantes porque se están ocupando de servir a los intereses económicos de grupos empresarios, cabe hacer un mea culpa. Es habitual que las conversaciones y debates relativos a la grave realidad de nuestro planeta se den únicamente dentro de un círculo cerrado, fiel, activo y con absoluto interés en la temática, que está integrado por organizaciones de la sociedad civil, investigadores, prensa especializada independiente, entre otros. En todo caso cuando las noticias trascienden estos círculos, es generalmente porque se trata de catástrofes. Es momento de revertir esta situación y hacer partícipe a la sociedad en general.

Es en este contexto que nuestra responsabilidad como agentes comunicadores se vuelve ineludible. Siempre con la innegociable convicción de que trabajamos en pos de la defensa del ambiente y los derechos humanos, nuestra labor tiene que teñirse de un rol de “traducción”. Debemos lograr bajar todo ese conocimiento técnico generado por especialistas, y colocarlo en un terreno más concreto, al alcance de todas las personas. Debemos dejar de lado las palabras difíciles y empezar a difundir mensajes claros que inviten a la acción. El desafío consiste en comunicar problemas complejos en lenguaje y formas sencillas, pero sin desvirtuar su contenido. Tenemos la urgente tarea de democratizar la información que se desprende de años y años de investigación, de destapar la información tendenciosa o parcial, ya que esta información tiene el potencial de ser usada por los distintos actores sociales para ponerle un freno a tanto daño ambiental; pero que de poco sirve si queda encapsulada entre unos pocos.

Las nuevas formas de comunicar

Desde finales del siglo pasado, los medios de comunicación y las formas de divulgar y consumir información se han visto fuertemente alteradas por la expansión tecnológica, la aparición de internet y más específicamente por el auge de las redes sociales. Su crecimiento significó que los medios tradicionales dejaron de ser las principales -o únicas- fuentes de generación y divulgación de contenidos. La comunicación dejó de responder al clásico modelo verticalista y unidireccional, en el que solamente unos pocos producían y distribuían la información, y mutó hacia a otro en el que coexisten múltiples generadores de contenido, e incluso la propia audiencia puede llegar a definir la agenda. Dejó de ser simplemente receptora, para pasar a ocupar también el lugar de emisora.

Como consecuencia del surgimiento de este nuevo esquema comunicacional -más horizontal y multidireccional-, nace lo que popularmente se conoce como “periodismo ciudadano”. Como ya se mencionó, este sienta sus bases en el hecho de que cualquier persona tiene el poder de generar o replicar contenidos de manera muy sencilla y en cuestión de segundos. Es preciso preguntarse, entonces, dónde queda la rigurosidad científica de todo aquello que se afirma, qué importancia se le da a la veracidad de las fuentes. En la era de la hiperconectividad, se cree que tener una primicia, generar el contenido más llamativo, o capturar segundos de la atención de un usuario inmerso en un océano de estímulos, importa a tal punto que se habilita un riesgoso “vale todo” y, en ese afán, se abandonan cuestiones tan básicas y fundamentales como es el compromiso a la divulgación de la información respaldada con datos. Por supuesto que estos puntos, por demás importantes, no deben perderse de vista y es preciso trabajar de manera constante para minimizarlos, respondiendo con pruebas ante la diseminación de noticias falsas o vacías de sustento.

Ahora bien, dejando de lado el debate totalmente válido respecto de qué hacen las compañías tecnológicas con los datos que recopilan de sus usuarios, las redes sociales como canales de comunicación representan, hoy por hoy, una importante expresión de la democratización de la información. Hay tres características primordiales que dan cuenta de ello. La primera es la masividad. Las redes sociales registran miles de millones usuarios en todo el mundo, que están interconectados entre sí. Esto genera redes inmensas que permiten multiplicar exponencialmente la información. En segundo lugar, está la inmediatez. Difundir mensajes es muy sencillo y es posible relatar todo lo que pasa prácticamente en el instante en que está sucediendo. Por último, la accesibilidad es innegable. La inmensa mayoría de las personas que habitamos la Tierra tenemos la puerta de entrada a estos volúmenes impresionantes de información, literalmente en la palma de la mano: ingresamos varias veces por día a verificar nuestras redes, simplemente haciendo unos pocos clics en nuestros teléfonos celulares. Ello, sin perjuicio de que persistan casos de falta de acceso a conectividad y redes, en nuestro país y en el mundo entero.

De este modo, las redes sociales y todas las nuevas herramientas tecnológicas se convierten en aliadas indispensables para la comunicación ambiental. Juegan un papel clave en la distribución de la información dentro de la sociedad y favorecen el tejido de redes de contención (Walter, 2008). Nos dan la oportunidad de estar en contacto con un público muy amplio y diverso, y nos permiten tomar las pulsaciones de la sociedad en general. Nos posibilitan encontrarnos con aquellas personas que viven en carne propia las consecuencias de la falta de políticas en favor del ambiente. Nos acercan a las juventudes que saben que su futuro y la posibilidad de gozar de un ambiente sano ya fueron hipotecados. Nos conectan con pueblos y comunidades que se movilizan casi silenciosamente, para reclamar que se garanticen sus derechos. En fin, habilitan la unidad entre grupos que se sienten atravesados por la crisis ecológica y que quieren actuar para generar cambios profundos.

Si nos referimos a los beneficios que representan los canales sociales para la comunicación ambiental, es menester resaltar también el uso que se hace de ellos para disciplinar la opinión pública respecto de algunas temáticas o desplazar algunas voces opositoras. Un estudio realizado por Amnistía Internacional (2018), reveló que personas y organizaciones defensoras de los derechos humanos fueron blancos recurrentes de agresivos ciberataques o acciones de trolling. De esta manera, se logra interferir en la proliferación de opiniones y  se conduce a la autocensura de las voces disidentes.

Reflexiones finales

La grave realidad ambiental que afecta nuestro planeta es una problemática urgente que atañe a todas las personas, y cada sector de la sociedad tiene su propia responsabilidad en la ardua tarea de revertir la crisis ecológica.

La cuestión ambiental muchas veces choca contra la realidad de intereses económicos de grupos empresarios y políticos que se valen de los medios de comunicación para acallar reclamos.

Haciéndonos cargo del lugar de privilegio en el que nos sitúa nuestra profesión, quienes nos dedicamos a comunicar y conservamos la autonomía para expresarnos libremente, debemos comprometernos a garantizar a la sociedad el acceso a la información clara, simple y valiosa. Del mismo modo, debemos adaptarnos a las nuevas formas de comunicación que proponen los avances tecnológicos y acompañar a una ciudadanía que ha tomado la posta de los reclamos ambientales y se vale de los canales digitales para expresarse.

En la lucha por la defensa del ambiente, todos los sectores necesitamos unos de otros, pues no se pueden conquistar derechos sin un enfoque integral y diverso.

Bibliografía:

Amnistía Internacional (2018). El debate público limitado. Trolling y agresiones a la libre expresión de periodistas y defensores de los derechos humanos en Twitter Argentina. Recuperado de: https://amnistia.org.ar/wp-content/uploads/delightful-downloads/2018/03/online-pre1.pdf

Avella, E. y Rincón, O. (2018). El poder mediático sobre el poder. Nueva Sociedad (276). Recuperado de: https://nuso.org/articulo/el-poder-mediatico-sobre-el-poder/

Cussianovich, E. (2015). Las actitudes políticamente correctas en favor del ambiente, Informe Ambiental FARN 2015 (pp. 301-312).

Walter, M. (2008). Nuevos conflictos ambientales mineros en Argentina. El caso Esquel (2002-2003). Revista Iberoamericana de Economía Ecológica. Vol. 8. (2008). REDIBEC, 2008. Recuperado de: http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/engov/20130828052512/rev8_02.pdf

 

TEXTO 2

LA NACIÓN/ EDITORIALES/ MEDIOAMBIENTE

1 de febrero de 2021


Educación ambiental y desarrollo sostenible

Resulta necesario que las jóvenes generaciones tomen conciencia de la importancia de entender los costos de las acciones que perjudican el planeta.

 

El martes pasado, 26 de enero, se celebró en todo el planeta el Día Mundial de la Educación Ambiental, nacido en el año 1972 en ocasión de la Conferencia Internacional de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano, que tuvo lugar en Estocolmo, Suecia. Allí se reconoció la necesidad de que la educación ambiental se integrara en las agendas nacionales, dando lugar a la Carta de Belgrado. Publicada tres años después, en 1975, en ella se exponen los lineamientos principales de la educación ambiental, sus objetivos y principios, y se fijan metas ambientales.

Con el objetivo de promover este proceso educativo y ciudadano, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, conjuntamente con el Ministerio de Educación y las provincias, a través del Consejo Federal de Medio Ambiente (Cofema), promueve un proyecto integral de ley de educación ambiental cuyo objetivo es el establecimiento de presupuestos mínimos para la implementación de una política pública nacional en esta materia, basada en una Estrategia Nacional de Educación Ambiental (ENEA).

Con motivo de la celebración del referido día, varias reconocidas organizaciones ambientalistas reclamaron la aprobación de una ley de educación ambiental federal, ya que, si bien algunas provincias cuentan con su propia ley de educación ambiental, se requiere una estrategia a nivel nacional.

En la Argentina, la Constitución nacional, la ley de educación nacional y la ley general del ambiente contemplan la educación ambiental como un proceso fundamental para el ejercicio pleno de la ciudadanía. Es más, la propia ley general del ambiente define esa educación en su artículo 8° como "uno de los instrumentos de la política y la gestión ambiental en la Argentina". Las tres normas dictadas en ese sentido dan forma al contexto normativo general de la educación ambiental en nuestro país.

Al entrar en un nuevo siglo, los educadores ambientales deberían desarrollar nuevos conocimientos y técnicas que aborden las demandas de un panorama social y tecnológico complejo y en constante evolución, al tiempo que garanticen que la educación ambiental siga siendo relevante para las necesidades e intereses de la comunidad.

Todos estos desafíos requieren sin ninguna duda examinar los actuales métodos con que se investiga y capacita a los profesionales y educadores ambientales, así como la forma en que se comunica esa información al público en general. Es importante abordar la complejidad del tema y no intentar su simplificación.

En nuestro país, el Programa Escuelas Verdes del Ministerio de Educación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires fomenta el desarrollo sustentable a través de la educación y la gestión ambiental escolar. Se trata de un enorme desafío que, según los datos oficiales, hoy cuenta con más de 1900 escuelas comprometidas con el programa, 5388 supervisores, directivos, docentes y auxiliares capacitados y 588 mil alumnos formando parte de los proyectos. Con contenidos y recursos pedagógicos vinculados con el diseño curricular vigente, el citado programa brinda capacitación e impulsa acciones de divulgación y sensibilización para docentes a fin de integrar tan valiosos conocimientos al proceso de aprendizaje.

Por su parte, en el ministerio a cargo de Juan Cabandié se organizó una serie de actividades virtuales sobre temas de la agenda ambiental, como compostaje, uso sostenible de la biodiversidad con perspectiva de género, manejo del fuego, cambio climático y conservación, que pueden verse a través del canal de YouTube de esa dependencia oficial.

El cuidado del medio ambiente exige una aproximación integral y la educación es una herramienta esencial. Está comprobado que la educación de las personas genera una mayor conciencia y preocupación por el cuidado ambiental y promueve nuevas formas de protección del ambiente, preparando para entender los costos del impacto de las políticas y las actividades que pueden perjudicarlo. Afortunadamente, las jóvenes generaciones evidencian un mayor compromiso con estas cuestiones.

Promover la educación ambiental contribuye a su formación y confirma ser condición imprescindible para el desarrollo sostenible.

[En línea, en: https://www.lanacion.com.ar/editoriales/educacion-ambiental-desarrollo-sostenible-nid2586265 ]

 

Propuesta de trabajo:

 

1.Consideren el paratexto de ambos artículos y respondan:

¿Dónde fueron publicados?, ¿en qué sección de la publicación, si es que tiene secciones?

¿Suponen que tendrán un mismo grado de complejidad o uno de ellos será más complejo que el otro?

¿En qué registro estarán escritos?

¿Cuál será la intención del texto? ¿Defender una idea, explicar un tema, contar sucesos, describir una situación?

Justifiquen sus hipótesis solo a partir de los paratextos.

 

2. Lean los textos y respondan:

¿Confirman o no las hipótesis que arriesgaron en el punto 1? ¿Qué rasgos fueron correctamente previstos? ¿Cuáles no? Justifiquen su respuesta.

 

3. Trabajen con el vocabulario: busquen en el primer artículo y transcriban por lo menos cinco palabras cuyo significado desconozcan o conozcan vagamente, y luego averigüen su significado en un diccionario. Anoten solo la acepción que se adecue al sentido que el término tiene en el texto.

 

4. Seleccionen uno de los artículos y resúmanlo en no más de 15 líneas.

 

5. Esquematicen uno de los dos escritos en un mapa conceptual.

 

6. Redacten un breve texto en el que comparen ambos artículos. ¿Presentan alguna semejanza? ¿Qué los diferencia? Consideren tema, perspectiva, estilo, claridad, precisión, propósitos, destinatarios y todo otro rasgo que pueda ser comparado. Extensión aproximada: 15 líneas.

 

7. Estas son algunas frases extraídas de los textos leídos:

 

“Los comunicadores también se ven envueltos en complejas paradojas entre preservar sus fuentes de trabajo y actuar con independencia.”

“En la lucha por la defensa del ambiente, todos los sectores necesitamos unos de otros”.

“Las redes sociales y todas las nuevas herramientas tecnológicas se convierten en aliadas indispensables para la comunicación ambiental”.

El cuidado del medio ambiente exige una aproximación integral y la educación es una herramienta esencial.”

Seleccionen una de esas frases como disparador para la elaboración de un texto. Elijan una de las siguientes opciones:

 

- un texto que narre una historia (un cuento para enviar a un concurso literario)

- un texto que defienda una opinión (un artículo para ser publicado en el diario Clarín).

 

Antes de redactar, elaboren un plan (un esquema o una lista de ideas) que también presentarán. La extensión del artículo o del cuento debe ser de 25 líneas. Deben agregar como paratexto un título y una imagen. Revisen la coherencia y la cohesión del texto terminado.


Entrega por mail el martes 14/09.

Formato: documento de Word, hoja A4, fuente Times o Arial tamaño 12, interlineado 1,5 y márgenes de 3 cm.

 

 

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