Lean los dos textos siguientes:
La comunicación ambiental actual, ¿aliada u
obstáculo?
Asistente de Comunicación y
Prensa (FARN, Fundación Ambiente y Recursos Naturales). Lic. en Publicidad y
especialista en comunicación digital.
[Fuente: Informe ambiental 2020 de la FARN,
Fundación Ambiente y Recursos Naturales. En línea, en: https://farn.org.ar/iafonline2020/articulos/6-3-la-comunicacion-ambiental-actual-aliada-u-obstaculo/ ]
En el
siguiente artículo, escribo desde la subjetividad de una observadora. Aporto la
mirada fresca de quien todavía se siente principiante en el extenso mundo del
ambientalismo, y propongo la que creo es la manera más adecuada para revertir
la realidad ambiental que vivimos.
De democratizar
el conocimiento se trata
Para
hacer frente a la urgente crisis climática y ecológica que atraviesa nuestro
planeta, no caben dudas de que se requiere la adopción de políticas
transformadoras con objetivos ambiciosos y a largo plazo. Pero además, es vital
el involucramiento y la dedicación de todos los sectores de la sociedad. Esto,
claro está, nos comprende también a quienes, desde distintas áreas y ámbitos,
nos dedicamos a la comunicación ambiental.
Nuestro trabajo nos ubica en una posición privilegiada, pues tanto las personas que se desempeñan en los medios, como quienes formamos parte de equipos de comunicación en organizaciones de la sociedad civil u otros sectores, tenemos acceso a información valiosa, fidedigna, potente; el conocimiento está al alcance de nuestra mano. Del mismo modo, también contamos con herramientas que facilitan la divulgación de nuestros mensajes. No solo tenemos la posibilidad de contactar, muchas veces, directamente con los grupos tomadores de decisiones, y de recabar testimonios de personas y grupos afectados por problemas ambientales, sino que también podemos llegar a una gran cantidad de gente que cada vez más quiere leernos, escucharnos, y que incluso nos busca por lo que tenemos para decir.
Sin
embargo, y a pesar de la enorme responsabilidad que significa la tarea de
informar y dirigirse a las audiencias, existe un desafío adicional para la
comunicación ambiental. Las cuestiones ambientales suelen estar fuertemente
cruzadas por intereses económicos con consecuencias en la independencia de los
medios de comunicación. Es habitual que los medios de comunicación decidan
hablar o callar ante determinada situación de relevancia, escudándose detrás
del discurso de la libertad de expresión, cuando lo que en verdad están haciendo
es defender los intereses de empresas más poderosas que los financian a través
de la pauta publicitaria (Avella y Rincón, 2018). De esta manera, utilizan
todos sus dispositivos para marcar la agenda en el sentido que mejor les
convenga. Los comunicadores también se ven envueltos en complejas paradojas
entre preservar sus fuentes de trabajo y actuar con independencia.
El
involucramiento de la ciudadanía en los reclamos por la defensa del ambiente es
un motor fundamental para impulsar la puesta en marcha de acciones efectivas y
concretas por parte de los Estados. Tal como expresa Cussianovich (2015), es
verdad que existe una “corrección política” por parte de las personas –así como
de las empresas y los Gobiernos– frente a las problemáticas ambientales. El
concepto de “corrección política” explica el mecanismo mediante el cual la
gente asegura sentirse preocupada por el planeta solamente porque entiende que
es esa la reacción esperada. Pero es cierto también que esa preocupación es
cada vez más real y genuina, y cada vez menos representa una posición apenas
políticamente correcta. Gran parte de la sociedad ya se siente interpelada por
la crisis ambiental, está dispuesta a cambiar hábitos y se preocupa por aportar
de alguna manera a la causa. Sin embargo, las personas precisan hacerse de un
conocimiento que en ocasiones no tienen disponible.
El motivo
de esto último yace, en parte, dentro del propio mundo del ambientalismo y, en
momentos como este en que no es posible contar con el apoyo de los medios de comunicación
preponderantes porque se están ocupando de servir a los intereses económicos de
grupos empresarios, cabe hacer un mea culpa. Es habitual que las
conversaciones y debates relativos a la grave realidad de nuestro planeta se
den únicamente dentro de un círculo cerrado, fiel, activo y con absoluto
interés en la temática, que está integrado por organizaciones de la sociedad
civil, investigadores, prensa especializada independiente, entre otros. En todo
caso cuando las noticias trascienden estos círculos, es generalmente porque se
trata de catástrofes. Es momento de revertir esta situación y hacer partícipe a
la sociedad en general.
Es en
este contexto que nuestra responsabilidad como agentes comunicadores se vuelve
ineludible. Siempre con la innegociable convicción de que trabajamos en pos de
la defensa del ambiente y los derechos humanos, nuestra labor tiene que teñirse
de un rol de “traducción”. Debemos lograr bajar todo ese conocimiento técnico
generado por especialistas, y colocarlo en un terreno más concreto, al alcance
de todas las personas. Debemos dejar de lado las palabras difíciles y empezar a
difundir mensajes claros que inviten a la acción. El desafío consiste en
comunicar problemas complejos en lenguaje y formas sencillas, pero sin desvirtuar
su contenido. Tenemos la urgente tarea de democratizar la información que se
desprende de años y años de investigación, de destapar la información
tendenciosa o parcial, ya que esta información tiene el potencial de ser usada
por los distintos actores sociales para ponerle un freno a tanto daño
ambiental; pero que de poco sirve si queda encapsulada entre unos pocos.
Las
nuevas formas de comunicar
Desde
finales del siglo pasado, los medios de comunicación y las formas de divulgar y
consumir información se han visto fuertemente alteradas por la expansión
tecnológica, la aparición de internet y más específicamente por el auge de las
redes sociales. Su crecimiento significó que los medios tradicionales dejaron
de ser las principales -o únicas- fuentes de generación y divulgación de
contenidos. La comunicación dejó de responder al clásico modelo verticalista y
unidireccional, en el que solamente unos pocos producían y distribuían la
información, y mutó hacia a otro en el que coexisten múltiples generadores de
contenido, e incluso la propia audiencia puede llegar a definir la agenda. Dejó
de ser simplemente receptora, para pasar a ocupar también el lugar de emisora.
Como consecuencia del surgimiento de este nuevo esquema comunicacional -más horizontal y multidireccional-, nace lo que popularmente se conoce como “periodismo ciudadano”. Como ya se mencionó, este sienta sus bases en el hecho de que cualquier persona tiene el poder de generar o replicar contenidos de manera muy sencilla y en cuestión de segundos. Es preciso preguntarse, entonces, dónde queda la rigurosidad científica de todo aquello que se afirma, qué importancia se le da a la veracidad de las fuentes. En la era de la hiperconectividad, se cree que tener una primicia, generar el contenido más llamativo, o capturar segundos de la atención de un usuario inmerso en un océano de estímulos, importa a tal punto que se habilita un riesgoso “vale todo” y, en ese afán, se abandonan cuestiones tan básicas y fundamentales como es el compromiso a la divulgación de la información respaldada con datos. Por supuesto que estos puntos, por demás importantes, no deben perderse de vista y es preciso trabajar de manera constante para minimizarlos, respondiendo con pruebas ante la diseminación de noticias falsas o vacías de sustento.
Ahora
bien, dejando de lado el debate totalmente válido respecto de qué hacen las
compañías tecnológicas con los datos que recopilan de sus usuarios, las redes
sociales como canales de comunicación representan, hoy por hoy, una importante expresión
de la democratización de la información. Hay tres características primordiales
que dan cuenta de ello. La primera es la masividad. Las redes sociales
registran miles de millones usuarios en todo el mundo, que están
interconectados entre sí. Esto genera redes inmensas que permiten multiplicar
exponencialmente la información. En segundo lugar, está la inmediatez. Difundir
mensajes es muy sencillo y es posible relatar todo lo que pasa prácticamente en
el instante en que está sucediendo. Por último, la accesibilidad es innegable.
La inmensa mayoría de las personas que habitamos la Tierra tenemos la puerta de
entrada a estos volúmenes impresionantes de información, literalmente en la
palma de la mano: ingresamos varias veces por día a verificar nuestras redes,
simplemente haciendo unos pocos clics en nuestros teléfonos celulares. Ello,
sin perjuicio de que persistan casos de falta de acceso a conectividad y redes,
en nuestro país y en el mundo entero.
De este
modo, las redes sociales y todas las nuevas herramientas tecnológicas se
convierten en aliadas indispensables para la comunicación ambiental. Juegan un
papel clave en la distribución de la información dentro de la sociedad y
favorecen el tejido de redes de contención (Walter, 2008). Nos dan la oportunidad
de estar en contacto con un público muy amplio y diverso, y nos permiten tomar
las pulsaciones de la sociedad en general. Nos posibilitan encontrarnos con
aquellas personas que viven en carne propia las consecuencias de la falta de
políticas en favor del ambiente. Nos acercan a las juventudes que saben que su
futuro y la posibilidad de gozar de un ambiente sano ya fueron hipotecados. Nos
conectan con pueblos y comunidades que se movilizan casi silenciosamente, para
reclamar que se garanticen sus derechos. En fin, habilitan la unidad entre
grupos que se sienten atravesados por la crisis ecológica y que quieren actuar
para generar cambios profundos.
Si nos
referimos a los beneficios que representan los canales sociales para la
comunicación ambiental, es menester resaltar también el uso que se hace de
ellos para disciplinar la opinión pública respecto de algunas temáticas o
desplazar algunas voces opositoras. Un estudio realizado por Amnistía
Internacional (2018), reveló que personas y organizaciones defensoras de los
derechos humanos fueron blancos recurrentes de agresivos ciberataques o
acciones de trolling. De esta manera, se logra interferir en la
proliferación de opiniones y se conduce
a la autocensura de las voces disidentes.
Reflexiones
finales
La grave
realidad ambiental que afecta nuestro planeta es una problemática urgente que
atañe a todas las personas, y cada sector de la sociedad tiene su propia
responsabilidad en la ardua tarea de revertir la crisis ecológica.
La
cuestión ambiental muchas veces choca contra la realidad de intereses
económicos de grupos empresarios y políticos que se valen de los medios de
comunicación para acallar reclamos.
Haciéndonos
cargo del lugar de privilegio en el que nos sitúa nuestra profesión, quienes
nos dedicamos a comunicar y conservamos la autonomía para expresarnos
libremente, debemos comprometernos a garantizar a la sociedad el acceso a la
información clara, simple y valiosa. Del mismo modo, debemos adaptarnos a las
nuevas formas de comunicación que proponen los avances tecnológicos y acompañar
a una ciudadanía que ha tomado la posta de los reclamos ambientales y se vale
de los canales digitales para expresarse.
En la
lucha por la defensa del ambiente, todos los sectores necesitamos unos de
otros, pues no se pueden conquistar derechos sin un enfoque integral y diverso.
Bibliografía:
Amnistía Internacional
(2018). El debate público limitado. Trolling y agresiones a
la libre expresión de periodistas y defensores de los derechos humanos en
Twitter Argentina. Recuperado de: https://amnistia.org.ar/wp-content/uploads/delightful-downloads/2018/03/online-pre1.pdf
Avella, E. y Rincón, O. (2018). El poder mediático sobre el poder. Nueva Sociedad (276). Recuperado de: https://nuso.org/articulo/el-poder-mediatico-sobre-el-poder/
Cussianovich, E. (2015). Las actitudes políticamente correctas en favor del ambiente, Informe Ambiental FARN 2015 (pp. 301-312).
Walter, M. (2008). Nuevos conflictos ambientales mineros en Argentina. El caso Esquel (2002-2003). Revista Iberoamericana de Economía Ecológica. Vol. 8. (2008). REDIBEC, 2008. Recuperado de: http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/engov/20130828052512/rev8_02.pdf
TEXTO
2
LA NACIÓN/ EDITORIALES/
MEDIOAMBIENTE
1 de febrero de 2021
Educación ambiental y desarrollo sostenible
Resulta necesario que las jóvenes generaciones
tomen conciencia de la importancia de entender los costos de las acciones que
perjudican el planeta.
El martes pasado, 26 de enero, se
celebró en todo el planeta el Día Mundial de la Educación
Ambiental, nacido en el año 1972 en ocasión de la Conferencia
Internacional de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano, que tuvo lugar en
Estocolmo, Suecia. Allí se reconoció la necesidad de que la educación ambiental
se integrara en las agendas nacionales, dando lugar a la Carta de Belgrado.
Publicada tres años después, en 1975, en ella se exponen los lineamientos
principales de la educación ambiental, sus objetivos y principios, y se fijan
metas ambientales.
Con el objetivo de promover este proceso educativo y ciudadano, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, conjuntamente con el Ministerio de Educación y las provincias, a través del Consejo Federal de Medio Ambiente (Cofema), promueve un proyecto integral de ley de educación ambiental cuyo objetivo es el establecimiento de presupuestos mínimos para la implementación de una política pública nacional en esta materia, basada en una Estrategia Nacional de Educación Ambiental (ENEA).
Con motivo de la celebración del referido día, varias reconocidas organizaciones ambientalistas reclamaron la aprobación de una ley de educación ambiental federal, ya que, si bien algunas provincias cuentan con su propia ley de educación ambiental, se requiere una estrategia a nivel nacional.
En la Argentina, la Constitución
nacional, la ley de educación nacional y la ley general del ambiente contemplan
la educación ambiental como un proceso fundamental para el
ejercicio pleno de la ciudadanía. Es más, la propia ley general del ambiente
define esa educación en su artículo 8° como "uno de los instrumentos de la
política y la gestión ambiental en la Argentina". Las tres normas dictadas
en ese sentido dan forma al contexto normativo general de la educación ambiental
en nuestro país.
Al entrar en un nuevo siglo, los educadores ambientales deberían
desarrollar nuevos conocimientos y técnicas que aborden las demandas de un
panorama social y tecnológico complejo y en constante evolución, al tiempo que
garanticen que la educación ambiental siga siendo relevante para las
necesidades e intereses de la comunidad.
Todos estos desafíos requieren sin
ninguna duda examinar los actuales métodos con que se investiga y capacita a
los profesionales y educadores ambientales, así como la forma en que se
comunica esa información al público en general. Es
importante abordar la complejidad del tema y no intentar su simplificación.
En nuestro país, el Programa Escuelas Verdes del Ministerio de Educación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires fomenta el desarrollo sustentable a través de la educación y la gestión ambiental escolar. Se trata de un enorme desafío que, según los datos oficiales, hoy cuenta con más de 1900 escuelas comprometidas con el programa, 5388 supervisores, directivos, docentes y auxiliares capacitados y 588 mil alumnos formando parte de los proyectos. Con contenidos y recursos pedagógicos vinculados con el diseño curricular vigente, el citado programa brinda capacitación e impulsa acciones de divulgación y sensibilización para docentes a fin de integrar tan valiosos conocimientos al proceso de aprendizaje.
Por su parte, en el ministerio a cargo de Juan Cabandié se organizó una serie de actividades virtuales sobre temas de la agenda ambiental, como compostaje, uso sostenible de la biodiversidad con perspectiva de género, manejo del fuego, cambio climático y conservación, que pueden verse a través del canal de YouTube de esa dependencia oficial.
El cuidado del medio ambiente exige una aproximación integral y la educación es una herramienta esencial. Está comprobado que la educación de las personas genera una mayor conciencia y preocupación por el cuidado ambiental y promueve nuevas formas de protección del ambiente, preparando para entender los costos del impacto de las políticas y las actividades que pueden perjudicarlo. Afortunadamente, las jóvenes generaciones evidencian un mayor compromiso con estas cuestiones.
Promover la educación ambiental contribuye a su formación y confirma ser condición imprescindible para el desarrollo sostenible.
[En línea, en: https://www.lanacion.com.ar/editoriales/educacion-ambiental-desarrollo-sostenible-nid2586265 ]
Propuesta de trabajo:
1.Consideren el paratexto de ambos artículos y respondan:
¿Dónde fueron publicados?, ¿en qué sección de la publicación, si es que
tiene secciones?
¿Suponen que tendrán un mismo grado de complejidad o uno de ellos será
más complejo que el otro?
¿En qué registro estarán escritos?
¿Cuál será la intención del texto? ¿Defender una idea, explicar un tema,
contar sucesos, describir una situación?
Justifiquen sus hipótesis solo a partir de los paratextos.
2. Lean los textos y respondan:
¿Confirman o no las hipótesis que arriesgaron en el punto 1? ¿Qué rasgos
fueron correctamente previstos? ¿Cuáles no? Justifiquen su respuesta.
3. Trabajen con el vocabulario: busquen en el primer artículo y transcriban por lo menos cinco
palabras cuyo significado desconozcan o conozcan vagamente, y luego averigüen
su significado en un diccionario. Anoten solo la acepción que se adecue al
sentido que el término tiene en el texto.
4. Seleccionen uno de los artículos y resúmanlo en no más de 15 líneas.
5. Esquematicen uno de los dos escritos
en un mapa conceptual.
6. Redacten un breve texto en el que comparen ambos artículos. ¿Presentan alguna semejanza?
¿Qué los diferencia? Consideren tema, perspectiva, estilo, claridad, precisión,
propósitos, destinatarios y todo otro rasgo que pueda ser comparado. Extensión
aproximada: 15 líneas.
7. Estas son
algunas frases extraídas de los textos leídos:
“Los
comunicadores también se ven envueltos en complejas paradojas entre preservar
sus fuentes de trabajo y actuar con independencia.”
“En la
lucha por la defensa del ambiente, todos los sectores necesitamos unos de
otros”.
“Las
redes sociales y todas las nuevas herramientas tecnológicas se convierten en
aliadas indispensables para la comunicación ambiental”.
“El cuidado del medio ambiente exige una aproximación
integral y la educación es una herramienta esencial.”
Seleccionen una de
esas frases como disparador para la elaboración de un texto. Elijan
una de las siguientes opciones:
- un texto que narre
una historia (un cuento para enviar a un concurso literario)
- un texto que
defienda una opinión (un artículo para ser publicado en el diario Clarín).
Antes de redactar,
elaboren un plan (un esquema o una lista de ideas) que también
presentarán. La extensión del artículo o del cuento debe ser de 25
líneas. Deben agregar como paratexto un título y una imagen. Revisen la
coherencia y la cohesión del texto terminado.
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