Festival de Poesía en Buenos Aires
Ayer en la Biblioteca Nacional un nutrido grupo de poetas leyó sus poemas al público en la sexta edición del Festival que busca recuperar la efusividad de las palabras.
Quienes acudieron ayer al sexto Festival de Poesía pudieron entrecerrar los ojos para disfrutar de la lectura de los poemas de quince poetas argentinos contemporáneos. Además, se pudieron escuchar otros versos conocidos y recordados, como “caminante, no hay camino, se hace camino al andar”, o aquel melancólico “Puedo escribir los versos más tristes esta noche…”. El evento se realizó en la Biblioteca Nacional, con entrada libre y gratuita.
Como corolario del encuentro, se dio a conocer el nombre del ganador del Premio Nacional de Poesía, que fue Juan Alperovich. Por esta distinción, se le obsequiaron una colección de libros de poemas y un viaje a Barcelona, la ciudad donde asistirá a un encuentro internacional de poesía; también serán publicados sus poemas, después que el escritor regrese a Buenos Aires. Alperovich dijo que nunca había soñado con ser premiado. Los organizadores, por su parte, afirmaron que el festival fue todo un éxito.
El conocimiento como proceso
Desde
que la especie humana empezó a crear cultura, es decir, a modificar y remodelar
el ambiente que la rodeaba para sobrevivir y desarrollarse, fue necesario
también que comprendiera la naturaleza de los objetos que constituían su
entorno. Tareas que a nuestros ojos resultan tan simples como edificar una
choza, domesticar animales o trabajar la tierra, solo pudieron ser emprendidas
a la luz de infinitas y cuidadosas observaciones de todo tipo; el ciclo de los
días y las noches, el de las estaciones del año, la reproducción de animales y
vegetales, el estudio del clima y de las tierras y el conocimiento elemental de
la geografía fueron, indudablemente, preocupaciones vitales para nuestros
remotos antecesores, por cuanto de esta sabiduría dependía su misma
supervivencia.
El
conocer, entonces, surgió indisolublemente ligado a la práctica vital y al
trabajo de los hombres como un instrumento insustituible en su relación con un
medio ambiente al que procuraban poner a su servicio. Pero, según las más
antiguas narraciones que poseemos, el pensamiento de esas lejanas épocas no se
circunscribió exclusivamente al conocimiento instrumental, aplicable
directamente al mejoramiento de las condiciones materiales. Junto con este,
apareció simultáneamente la inquietud por comprender el sentido general del cosmos
y de la vida. La toma de conciencia del hombre frente a su propia muerte
originó además una peculiar angustia frente al propio destino, ante lo
desconocido, lo que no es posible abarcar y entender. De allí surgieron los
primeros intentos de elaborar explicaciones globales de toda la naturaleza y
con ello el fundamento, primero, de la magia, de las explicaciones religiosas
más tarde, y de los sistemas filosóficos en un periodo posterior.
(Fuente:
Sabino, Carlos [1992]. El proceso de
investigación. Caracas: editorial Panapo).
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